Alfonso Carbonell Chávez
¡Gracias Chiapas! (el recuento de los años)
En estos 34 últimos años de mi vida, sí solo treinta y cuatro, mi historia en Chiapas empezó a escribirse, de puño y letra, tal y como lo he hecho para diversos diarios de la entidad al menos 25 de estos mismos. Ayer mismo mis recuerdos se agolpaban en mi mente repasando una y otra vez pasajes de mi vida en Chiapas y lo que ante mis ojos (que se han de comer los gusanos ya mero je) he visto pasar y que van desde momentos de aciertos (contados) en el ámbito gubernamental, hasta los más ignominiosos y tristes que por desgracia resultan los más. No haré, por supuesto que no, una revisión cronológica pero si revisaré algunos pasajes que ilustren mi percepción de la realidad chiapaneca. Pero déjeme ordene en mi cabeza algunas cosas para situarnos en el tiempo y espacio en que llegué a Chiapas, como si en esta bendita tierra la vida misma me tenía un espacio resguardado. Me queda claro.
Empezaré, a modo de anécdota, a relatar mi llegada un 18 de septiembre de 1980 cuando la entidad era gobernada por Juan Sabines Gutiérrez, el así llamado “Ciclón del Sureste”. Si el mismo personaje sobre del cual se cuenta la anécdota que al asumir el interinado pasadita la mitad del segundo semestre de 1979 (noviembre creo) al llegar a tomar protesta en el Congreso local se oyó una voz que se presume y cuentan fue de un diputado (“cara de hacha” creo le decían para el caso da igual) quele espetaba al señor Sabines “¡llegas 30 minutos tarde!”, tras lo que se le escuchó decir al ya de facto gobernador Juan Sabines Gutiérrez, digo tal y como fue su estilo claro y pelado; ¡pendejo llego 30 años tarde! Sin palabras. Perdón, perdón me perdí en mi propósito.
Era una mañana lluviosa y entonces el aeropuerto se encontraba en el paraje conocido como “Llano San Juan” y donde hoy se asientan instalaciones de seguridad pública hasta donde sé. Después del segundo intento de aterrizaje en un vuelo de Aeroméxico (por cierto esa línea ya no vuela a Chiapas) pudimos aterrizar y le confieso que con un nudo en la garganta que no era de mi corbata (¿?), al unísono los pasajeros le aplaudimos al piloto por la proeza realizada. Me explico para los más jóvenes y quienes me pudieran leer en el mundo je; dicho aeropuerto de Llano San Juan, estaba situado (de hecho ahí está pues) a unos que será 18 o quizá más kilómetros de Tuxtla rumbo a Coita (o Berriozábal) por la vieja carretera en donde en esa planicie soplan vientos encontrados que da gusto, amén de que en ciertas temporadas del año se mantiene un banco de neblina que dificulta la visibilidad. Por ello mismo no una sino varias veces los aviones no pudieron aterrizar. Así de fácil y el por qué ahora dicho aeropuerto no lo es más.
¡Gracias Chiapas! (II)
Así nos enfilamos del aeropuerto a Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y entre curva y curva y ya en descenso, se podía divisar una gran mancha urbana que se miraba esplendorosa al amainar la lluvia cortejada en el fondo del oriente por el majestuoso Cañón del Sumidero. Todo un espectáculo de luz y color ¡aaaah! Tuxtla, es cierto, ha crecido en los mismos 34 años de manera importante sí, pero realmente desordenada e inapropiadamente. No me detendré en este acápite de la capital porque son muchos los elementos que se conjugan para que este fenómeno de carencias de servicios que vivimos en la actualidad (agua potable, drenaje y alcantarillado, luminarias, banquetas, miles de baches, calles destrozadas, caos vial etc.,) se den.
Ante mis ojos decía, mandatario tras mandatario vi pasar desde Juan Sabines Gutiérrez hasta Juan Sabines Guerrero y claro está, el que hoy gobierna la entidad Manuel Velasco Coello. El joven Manuel. Después de Juan (padre) vino el General Absalón Castellanos Domínguez, quien a diferencia de sus antecesores y muchos de sus predecesores cumpliría su mandato constitucional de seis años. Sabines Gutiérrez, quien lo conoció no me dejará mentir, fue un hombre del pueblo y he ahí su desenfado y sencillez a la hora de gobernar. De carácter fuerte pero de acciones bondadosas, se supo ganar a la gente. Es mi apreciación. Incluso de él comentaba la gente ya que había dejado el poder; ¡no si sí robó pero también nos dio! Sino, vea usted en algún mercado público y verá que en más de un puesto lo tienen en el altar junto con el santo de su preferencia.
El general, bueno se sabe que era “bonachón” por no decir otro calificativo, pero finalmente militar con todo lo que ello implica. Y así vino Don Patrocinio González Blanco Garrido, el del imperio de la ley y cuando estaba ya en plena transformación la capital, pues que se nos va como secretario de Gobernación con el Presidente Carlos Salinas, quién ante el levantamiento armado del EZLN cuando ya nos gobernaba Elmar Harald Setzer Marsseille, pues les costó la cabeza a los dos alegres compadres. “Lo que no funcionó” llamó así la destitución de Don Patro en la Segob el presidente Salinas, aunque el propio González Garrido me confió en una entrevista dos cosas que por cierto ya son del conocimiento público: primera; me dijo que lo que más lamentaba en su vida en la política era no haber terminado su gobierno en Chiapas y segundo; que el presidente Carlos Salinas de Gortari ¡no lo corrió! Nunca sucedieron así las cosas. Lo que sí, me dijo, que él le había renunciado al presidente. No estuve de acuerdo en algunas cosas respecto al manejo del conflicto y esa fue la causa. En fin.
¡Gracias Chiapas (III)
Como el tiempo se me acaba y no se trata tampoco hacer una novela del recuento de los años, mencionaré que tras ElmarSetzer nos gobernó aquel pintoresco personaje encarnado en la persona de Javier López Moreno (no Chabela que decís) el mismo que en su informe dijo; soy el gobernador de ¡10 meses… 10 mil acciones! Al cuál se le podía ver por las calles de la ciudad e irse a pie del Congreso a Palacio de gobierno saludando a los comensales del café e invitándoles a los miembros de la prensa un helado frente a palacio. Poco después llega a la gubernatura constitucional Eduardo
Robledo Rincón, quien en un acto que se ha juzgado de diferentes ópticas, por decisión propia (al menos así se lo dijo en entrevista a Jacobo Zabludovsky) y para abonar a la paz, que si su renuncia contribuía a ella, dejaría la gubernatura y así fue. Nos gobernó algo así como dos meses y días.
Vino entonces un perfecto desconocido de origen tapachulteco. Y no desconocido porque no se le reconociera en efecto como tal y oriundo de la Perla del Soconusco, sino que muy chico cuentan, se avecindó en el distrito federal y sin carrera política ni nada que se le reconociera haber hecho por Chiapas, por el dedo presidencial se convierte en gobernador. La matanza de Acteal, su debacle. Inesperada oportunidad le llega al entonces diputado federal Roberto Albores Guillén de Comitán, y se convierte en gobernador por los últimos dos años del periodo constitucional iniciado por Don “Yayo” Robledo. El así conocido en el bajo mundo político (je) como “Satanás”, pues gobierna con varios de sus amigos -se entiende- muchos de los cuales vivirían en carne propia la mano dura y vengativa de su sucesor; Pablo Salazar Mendiguchía. Es decir, la cárcel. Este al igual que el general Absalón cumplió su mandato y como una jugarreta del destino y haciendo vigente una máxima que reza; “el que a hierro mata a hierro muere”, su sucesor en ese entonces también joven Juan Sabines Guerrero, le echaría el guante y lo encarcelaría en “El Amate” cerezo, por cierto, que él, Pablo, mandó construir. ¡Qué cosas! Verlo para creerlo.
Ya de salida
Ya se me acabó el espacio y aunque no completa la idea, sí quiero advertir que pese a todo y a nuestros gobernantes así dicho en general, Chiapas y las y los chiapanecos y me asumo enteramente como uno más, sigue siendo el pueblo de pueblos donde su grandeza sí de bellezas y recursos naturales, radica principal y fundamentalmente en sus hombres y mujeres y en ella se sustenta, insisto, su grandeza. Ahora estamos por arribar a los primeros dos años del actual gobierno de Manuel Velasco, quien con más corazón y voluntad que otras cosas (percepción personal) va construyendo su propia historia ¡de puño y letra! ¡Me queda claro! Gracias Chiapas porque me has dado cobijo entre tu gente; dónde forjé una familia y porque mi estancia en tus tierras consignarán, es mi mayor pretensión, que en todo momento con todo mi amor y compromiso he tratado y seguiré, de aportar mi granito de arena en la construcción de un Chiapas¡más justo y más libre!…// Nuevamente ¡Gracias Chiapas!…// ¡Me queda claro! Buen fin.
