Alfonso Carbonell
Lo esencial es…
Normalmente, no solemos ver lo esencial porque como se narra en”El Principito”, obra cumbre de Antoine de Saint-Exupèry, nos es invisible a los ojos. (Lo esencial es invisible a los ojos, solo se puede ver bien con el corazón). Y no podía estar más de acuerdo, cuando nos detenemos a mirar cuestiones subjetivas como la política y los políticos. Cuando ahí se anda uno desgarrando las vestiduras por tal o cual candidato y ante nuestros ojos, se pasea la pobreza disfrazada de niños mendigos harapientos y mugrosos que recogen cualquier cosa comestible del suelo para meterlo en su boca. Se lamen los dedos de las manos y el alma misma.
Pero ahí nos tiene, detenidos en las turbulentas aguas de la mar embravecida por los políticos y sus partidos. Las alianzas. Quienes bajo sospecha de la ciudadanía construyen, destruyen las más de las veces, los sueños y esperanzas de miles en sus municipios y distritos. La excepción confirma la regla. En tanto, mujeres que no rebasan los 20, que digo veinte los 17 años de edad y la mayoría indígena como usted comprenderá, ahí van cargando en sus espaldas un “chilpayate” de escasos meses y en ristre, un par de mocosos –literal- que pese a su corta edad ya aprendieron el duro oficio de la mendicidad. Graduados de la vida.
” ¡Mero da un peeesooo… vente centavo pra mi comidasss!” Así c a n t a d i t o, con un sonsonete que suena como ¡mentada de madre!, pero que por desgracia se repite con más cotidianeidad de lo que se pueda imaginar. Bueno, ya ni que decir de la mendicidad de personas de la tercera edad lo mismo hombres que mujeres, que pululan por las calles de la cada vez más deshumanizada ciudad capital. En tanto los lisiados física y mentalmente, los que arrastran y arrostran sus deformados y enfermizos cuerpos, extendiendo la mano desde el suelo en una posición de súplica, los dejamos tras de uno como seres fantasmales. Inexistentes. Para la sociedad pero igualmente para los gobernantes.
Así, cual cita del refrán popular que señala; “los árboles no dejan ver el bosque”, así nosotros no alcanzamos a ver la selva humana de desposeídos. Ah pero eso sí, ni que reclamarle a nuestras actuales autoridades municipales e ínclitos legisladores locales cuando son éstos, de menos, corresponsables del buen y bien gobernar. ¡No pus cómo! Si aún y no terminan los actuales en funciones y lo que ya nos ocupa y preocupa son, así de contradictorio, ¿quiénes los irán a sustituir? Y claro me refiero a la elección que tendrá verificativo el próximo 4 de julio en la entidad. Aún más, ya hay quienes pasando por alto o al menos haciendo un mutis en sus análisis sobre la elección local de presidentes y diputados, se les hace buen momento para echar sus gatos a retozar en pos de algún personaje político que a su real saber y entender, tienen un buen margen de posibilidades de sentarse en la grande… silla gubernamental en el aun lejano 2012.
Y así y que conste y me consta, que esta fotografía social desgarradora se repite a lo largo y ancho de la geografía política estatal. Es pues, que ante este lacerante y vergonzante escenario que plantean las calles citadinas, se unen una serie de fallas y anomalías que no acaban por resolverse. Ciertamente y se reconoce, la tarea en una ciudad en constante crecimiento como es Tuxtla, es difícil hacerle frente a todas las tareas a un mismo tiempo. Las razones presupuestales son sin duda determinantes. Sin embargo, hay cuestiones que tienen que ver más con la voluntad política y orden, que con pesos y centavos.
El asunto del ambulantaje, por ejemplo, lejos de someterlos a un control y ordenamiento que vaya tendiente, más a la conciliación de las partes en conflicto (comercio establecido, autoridades y ciudadanía en general) que a la extinción y enfrentamiento entre los protagonistas. Lejos de esto, tal pareciera actuarse en base aquel refrán que dice; “si no puedes con tus enemigos… ¡úneteles!”
Ya de salida
Me dio pena ajena ver como la ciudad, a eso de las; 10 y las 11, las 12 la una, las 2 y las tres (hay mojo Joaquín Sabina), se iba ensuciando al paso de las horas. Pero más pena fue, darme cuenta de que ni a ésas horas ni horas después, los servicios de limpia capitalinos hicieran acto de presencia. Las calles así, arrastraban con el fuerte viento su modernidad hecha basura.
P.D.- Hablando de miserias humanas, ayer circunstancialmente lo admito, logré ver a un “viejo” militante de la izquierda local de extracción indígena (porque como lo contaba un amigo mío de extracción netamente indígena y que, virtud al esfuerzo de sus padres lograron los tres hermanos terminar su carrera de licenciados en Derecho, al comentar que el mayor de los tres trabajaba en el gobierno federal en una delegación, que él, el de enmedio estaba laborando en el gobierno del estado y el más chico (¡cajummm!) de los tres, ese estaba en el municipio decía; tengo un mi hermano que es licenciado federal, otro que es licenciado municipal y yo que soy licenciado estatal ¡flopp!), pero decía, viejo izquierdista a quien sin negarle que en su momento fue un rudo luchador… social, se le veía a pie cargando su morral eso sí, repleto de sueños y dignidad; ahora con el paso del tiempo y créanme que no es envidia ni de la buena, lo vi con estos ojos que ni los gusanos se van a querer comer, abordar una lujosa camionetona a todo “lux” con vidrios eléctricos, clima y toda la cosa, que nomás porque también sé que le está yendo re chido con el actual gobierno, porque si no, lo menos que hubiera podido acertar es, que había terminado de chofer de algunos de esos encumbrados dirigentes neo perredistas. No me quedó claro.
