Alfonso Carbonell
De vuelta a la realidad
En estos días de semana santa, que pese a mi intención inicial de salir fuera de la entidad a visitar a familiares y sumergirme, amén de las aguas de alguna soleada playa; en mis pensamientos, en mis tribulaciones. Pero no, atento a las recomendaciones que yo mismo me atreví a emitir a mis lectores y radio escuchas (“Palabra libre”), primero, en el sentido de que si no era necesario salir, mejor se mantuvieran en casa con sus seres queridos a disfrutarlos enteramente, a charlar prolongadamente que mucho nos hace falta en esta creciente vorágine social en la que lo urgente, de plano, no nos permite atender lo esencial. En fin, que en lugar de ir a gastar lo que no se tiene, se mantuviera en la tibieza del hogar compartiendo una buena película en compañía de la familia.
Pues bueno, me dispuse a seguir mis propias recomendaciones y me mantuve en casa. Tuve entonces la oportunidad de ver una saga de documentales que, con motivo a estas celebraciones de la fe católica, transmitieron por “History chanel” y aunque algunos ya había tenido oportunidad de verlos aisladamente, en esta ocasión me mantuve pegado al televisor y ya en conjunto, la verdad, fue todo un hallazgo. Sí un hallazgo empezando por un capítulo que ponía de relieve las inconsistencias de la biblia, el libro sagrado del cristianismo, haciendo notar, precisamente, una serie de datos que de acuerdo a lo escrito (evangelios) por algunos de los apóstoles como Mateo, Juan y Lucas, no coinciden en tiempo ni en el contexto histórico en que se desarrollaron.
Ver para entender
Estos apuntes que se emiten en sendos programas televisivos, están sustentados en aportes de una gama de eruditos en el tema que van, desde filósofos, historiadores, antropólogos y arqueólogos, hasta científicos en disciplinas como la física, química y otras ciencias médicas valiéndose de tecnología de punta. Ah y claro, por expertos en historia griega, romana y judía así como de lengua hebrea y el arameo; el idioma de Jesús.
Pero el quid del asunto no es ese, comprenderán, porque está en cada uno de los que creen y profesan alguna religión, dejar que su fe, su corazón y sentimientos, les dicten y refuercen sus convicciones. Está sí, en que una cosa es la creencia religiosa en un Dios, en un todopoderoso, en un ser supremo, que bien podría ser Jesucristo, Mahoma, Alá, Buda o Siddartha, y otra cosa es la religión o la fe representada por las iglesias. En su estructura piramidal arcaica y hasta obscena. ¿La acumulación de bienes materiales en el cristianismo es pecado? Pregunta para el inquilino del Vaticano.
Así pues, no es que la ciencia histórica o la historia vista desde la ciencia lo que vayan a romper los cartabones religiosos hasta hoy creados por la iglesia católica. No. Me queda claro. Lo que sí y pudiendo ello representar para los agnósticos todo un triunfo, es que sobre la historia del cristianismo aún estamos en pañales. Decían en uno de los documentales sobre la hasta ahora desconocida oriundez del galileo Jesús, porque lo mismo hay indicios de que nació en Belén que en Galilea. Ah, y que no llegó como los evangelios cuentan de José y María montada en un burro a Belén la noche del 24 de diciembre del año cero, sino que ya vivían allí.
Que no fue en un pesebre o establo rodeado de animales, ni es preciso el dato de que los reyes de oriente fueron guiados por una estrella luminosa la “estrella de Belén”, ya que los científicos astrónomos han logrado reproducir el fenómeno astrológico que debió iluminar los cielos con esa intensidad y que tiene que ver con la interjección de los planetas Marte y Júpiter, pero ello debió ocurrir de menos tres años antes del nacimiento de Jesús. O que si el conocido manto sagrado o manto de Turín que correspondía a la tela con la que envolvieron el cuerpo de Jesús a su muerte y quedara impregnado con su sangre su cuerpo y rostro, haya sido comprobado ya que fue una obra hecha por la mano humana. Es decir un fraude, que incluso se especuló y sigue sin revelarse el misterio, fue creación de Leonardo Da Vinci.
Ya de salida
Pero regresando al punto de partida y que tiene que ver con el titulo de estos comentarios, “De vuelta a la realidad”, ya pasada la semana mayor en la que todos, de alguna manera u otra debamos regresar a ella, nos encontraremos con la misma cantaleta; sí, acertó, la de los comicios locales que y aún y en ciernes, ya empiezan a caldearse los ánimos y aunque no son tiempos de campaña, veremos algunos enfrentamientos en las consideradas precampañas que según lo establece la ley electoral, no deberán prolongarse más de diez días. Lo suficiente para una intensa campaña de denostaciones mutuas.
Veremos pues y conoceremos después, que es lo que se traen entre manos los candidatos y más interesante aún, quiénes y “quiénas” son. Pero la mera verdura, no creo que vaya a pasar nada nuevo ni mucho menos espectacular en torno a éstas (propuestas) y éstos (candidatos). Lo que sí, y ahí usted sí que tiene un compromiso mayor, es que el próximo 4 de julio debe salir a votar por quien usted considere le va a cumplir a la hora de triunfar. Aunque también y lo comparto cien por ciento, los partidos como las religiones, los candidatos como los apóstoles, escribirán la historia desde su muy particular real saber y entender y prometerán lo que nunca quizás van a cumplir. Así lo único que nos queda es la fe. Me queda claro. ¡Bienvenidos a la realidad!
