Chiapas: la educación pendiente de un estado que no puede esperar

Marco Tulio Carrascosa

Hablar del futuro de Chiapas es, inevitablemente, hablar de educación. Ninguna sociedad ha logrado romper el círculo de la pobreza, la desigualdad o el rezago sin haber colocado a la educación como el eje de su desarrollo. La historia mundial es contundente: los pueblos que invirtieron en conocimiento transformaron su destino.

Chiapas enfrenta uno de los desafíos más complejos de México. Durante décadas ha registrado algunos de los mayores niveles de analfabetismo y rezago educativo del país. Miles de niñas, niños y jóvenes continúan enfrentando barreras para acceder a una educación de calidad, especialmente en comunidades rurales e indígenas, donde la dispersión geográfica, las condiciones de infraestructura y las desigualdades históricas limitan las oportunidades de aprendizaje.

El problema no radica únicamente en construir más aulas o repartir más libros. El verdadero desafío consiste en garantizar que cada estudiante reciba una formación de calidad, con docentes fortalecidos, escuelas dignas, acceso a tecnología, conectividad y un modelo educativo que prepare a las nuevas generaciones para competir en un mundo globalizado.

Mientras otras regiones del mundo avanzan hacia la inteligencia artificial, la economía del conocimiento y la innovación tecnológica, en muchas comunidades de Chiapas todavía existen estudiantes que recorren largas distancias para asistir a escuelas con carencias básicas. Esa realidad debería indignarnos a todos.

A ello se suma un fenómeno igual de preocupante: la cultura del rezago. Durante demasiado tiempo nos hemos acostumbrado a considerar la pobreza como una condición permanente y no como un problema que puede enfrentarse mediante políticas públicas eficaces, participación ciudadana y una apuesta decidida por el capital humano. Ningún pueblo está condenado al atraso; lo que sí condena es la resignación.

Han transcurrido 202 años desde la anexión de Chiapas a México. Si después de más de dos siglos los indicadores fundamentales siguen reflejando enormes desafíos en educación, desarrollo humano y oportunidades, resulta indispensable preguntarnos qué debemos hacer de manera distinta. No basta con señalar responsabilidades; es momento de construir soluciones compartidas.

El gobierno encabezado por Eduardo Ramírez Aguilar ha presentado el proyecto de la Nueva Era, con el compromiso de impulsar una transformación profunda para Chiapas. Ese objetivo representa una aspiración legítima, pero su éxito dependerá no únicamente de las decisiones gubernamentales, sino también de la corresponsabilidad de la sociedad. Ninguna administración puede transformar un estado sin ciudadanos comprometidos, familias involucradas, empresarios que inviertan, universidades que innoven y comunidades que participen activamente.

La historia internacional demuestra que sí es posible cambiar el rumbo.

Países que lograron superar importantes rezagos mediante la educación y el desarrollo humano:

– Corea del Sur: convirtió la educación en una prioridad nacional e impulsó la innovación tecnológica.
– Singapur: fortaleció la calidad educativa, el mérito y una administración pública eficiente.
– Finlandia: apostó por la excelencia docente, la equidad y la confianza en sus escuelas.
– Irlanda: invirtió en capital humano, educación superior y atracción de inversión.
– Estonia: digitalizó su sistema educativo y promovió la innovación desde edades tempranas.
– Vietnam: elevó significativamente sus resultados educativos mediante una fuerte inversión en educación básica y formación docente.

Aunque cada país siguió un camino distinto, existe un denominador común: todos entendieron que la educación de calidad era una inversión estratégica y no un gasto. A ello sumaron instituciones más sólidas, continuidad en las políticas públicas, visión de largo plazo y una participación activa de la sociedad.

Chiapas posee una riqueza cultural, natural y humana extraordinaria. Lo que ha faltado no es talento, sino la capacidad de generar condiciones para que ese talento florezca. Si queremos que la Nueva Era sea realmente un punto de inflexión, la educación debe convertirse en la prioridad de prioridades.

El desarrollo de Chiapas no comenzará cuando inauguremos más obras, sino cuando logremos que cada niña y cada niño tenga acceso a una educación que le permita construir un proyecto de vida con libertad, conocimiento y oportunidades.

Porque el verdadero progreso no se mide por los discursos, sino por la capacidad de transformar generaciones.

Continuará…✒️

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