Psic. Carlos Hiram Culebro Sosa
En los últimos años la atención a la salud mental ha cobrado gran importancia en el debate público.
La depresión la ansiedad, las adicciones, el trastorno por deficit de atención y otros padecimientos mentales, afectan a millones de personas, lo que ha incrementado la demanda de servicios psicológicos y psiquiátricos. Sin embargo, este crecimiento también ha abierto la puerta a un problema poco visibilizado pero sumamente delicado: el ejercicio ilegal
de la psicología y la psiquiatría por personas que no cuentan con la formación ni la autorización legal para hacerlo.
Uno de los casos más frecuentes es el de egresados de la Licenciatura en Educación con terminal en Psicología
que se dedican a la práctica clínica privada. La formación académica que reciben los faculta exclusivamente para la docencia en el área de la psicología, pero no para brindar atención terapéutica, diagnósticos clínicos o tratamientos psicológicos.
La confusión suele originarse en la propia denominación del programa académico. Para el público en general,
el término “psicología” puede inducir a pensar que quien lo cursó está capacitado para ejercer la
profesión en cualquiera de sus ramas. No obstante, desde el punto de vista jurídico y profesional, la diferencia
es clara y determinante.
La Ley Reglamentaria del Artículo 5º Constitucional establece que sólo pueden ejercer legalmente una profesión
quienes cuenten con título y cédula profesional debidamente expedidos por la Secretaría de Educación Pública.
En el caso específico de la psicología, esto implica haber cursado la Licenciatura en Psicología y cumplir con
los requisitos administrativos y legales correspondientes.
Cuando un psicólogo decide abrir un consultorio, además del título y la cédula profesional, debe tramitar un
aviso de funcionamiento ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios.
Asimismo, resulta altamente recomendable que quienes se dedican a la práctica clínica cuenten con estudios
de posgrado en psicoterapia o en alguna especialidad afín.
El problema se agrava cuando la charlatanería alcanza el terreno de la psiquiatría. Para ejercerla legalmente se
requiere ser médico cirujano y contar con especialidad en psiquiatría. La prensa nacional ha difundido casos de
personas que sin formación profesional se ostentan como psiquiatras y prescriben medicamentos de alto riesgo; o bien, son medicos que sólo tomaron algún curso sobre esa especialidad.
Este tipo de prácticas no sólo es ilegal, sino potencialmente mortal. Un diagnóstico erróneo o una prescripción
indebida pueden generar daños graves e irreversibles. Casos de esta naturaleza han sido exhibidos en medios
nacionales, evidenciando la vulnerabilidad de los sistemas de control.
Ante esta problemática, una de las principales vías de solución es la denuncia ante las autoridades competentes.
Asimismo, antes de iniciar cualquier tratamiento, los pacientes deben verificar que el profesional cuente con
título y cédula profesional emitidos por la SEP. En el caso de los psiquiatras, también es posible confirmar su
registro ante el Consejo Mexicano de Psiquiatría.
La salud mental no admite improvisaciones. Combatir la charlatanería es una responsabilidad colectiva
para proteger la integridad, la vida y el bienestar emocional de la sociedad.
* Fundador de la Asociación Chiapaneca de Profesionales para la Salud Mental AC
