Estimado José Luis:
Con gran extrañeza he visto y leído una serie de ataques que has hecho de unos meses para acá en contra de Enoc Hernández Cruz, ex director del Instituto de Capacitación y Vinculación Tecnológica del Estado de Chiapas (ICATECH) y del Partido Mover a Chiapas.
Y me extraña porque observo un irracional y profundo rencor en tus escritos que confirman aquel dicho chino que se refiere a la ingratitud: Morder la mano al que te dio de comer. Literalmente significa olvidar favores y traicionar la justicia. Es decir, a veces los perros son más agradecidos que los seres humanos y parece aplicar contigo. No te enojes, por favor.
Recuerdo perfectamente un sábado por la mañana en el estacionamiento de un centro comercial de San Cristóbal. Íbamos con Enoc, el hombre al que ahora tú golpeas despiadada y rabiosamente, rumbo a Comitán a una gira de trabajo.
Tú eras su jefe de prensa. Aunque la redacción de tus boletines era pésima rayando en lo primitiva y Enoc les corregía la sintaxis, reconozco tu empeño por cumplir tus funciones y te granjeabas el aprecio de todos porque siempre quisiste quedar bien como el bufón del grupo con chistoretes y hablando bien de Enoc. Muy bien diría yo.
Ahí estábamos cuando recibiste una llamada telefónica de Tapachula en la que se te informaba una noticia infausta.
A tu hija Viridiana un troglodita la había agredido brutalmente dejándola bastante grave y tú debías trasladarte hacia allá sin pérdida de tiempo. Comunicaste a Enoc el lamentable hecho y Enoc, de inmediato, te dijo que te fueras. Te ofreció su apoyo moral y económico. Y me consta que cumplió hasta el último momento.
Al caso de tu hija Viridiana Enoc le dio seguimiento personalmente. Yo como periodista, a la par de compartir mi tristeza y furia por la golpiza a Viridiana, hice mía su tragedia y empleé los medios de comunicación a mi alcance para exigir a las autoridades ministeriales la captura del golpeador.
Muchos artículos publiqué. Ahí están en la revista Areópago, en el diario El Sol de Chiapas y en el diario Chiapas hoy. Usé mi cuenta de twitter para expresar mi repudio y presionar a la Procuraduría de Justicia. Incluso en una ocasión se lo comenté directamente al procurador de justicia. Y ni siquiera conozco a Viridiana, pero te conozco a ti y supuse que eras amigo de una sola pieza. O por lo menos un tipo agradecido. Me equivoqué.
No una, sino muchas veces me dijiste que apreciabas sobremanera a Enoc, que le querías como se le quiere a un hermano. Que debíamos fortalecer el equipo porque tú, José Luis, confiabas en que Enoc podía ser gobernador en las elecciones de 2018.
En broma te decía que yo no creía en el proyecto de Enoc y tú me recriminabas. Me regañabas. Lo hiciste una vez en el parque Joyyo Mayu de Tuxtla; ese día habíamos ido a un evento en honor de los abuelos. Tantas otras veces en San Cristóbal.
Como su operador político Enoc te dio manos libres para manejar a tu antojo y abusivamente no sólo el departamento de prensa del ICATECH y del partido Mover a Chiapas, sino su agenda política pese a que muchos compañeros le advertían que se cuidara de ti. Enoc te sostuvo en ese departamento no obstante el repudio de los empleados por tu autoritarismo.
En el Toks de Tapachula, luego de un desayuno, un amigo periodista lo jaló a la salida del restaurante y le susurró: Enoc, con José Luis te echaste un alacrán encima.
Hasta te fuiste a vivir junto con tu familia a San Cristóbal siendo Enoc candidato a la presidencia municipal de ese municipio. ¿Quién te pagaba, José Luis, las costosas cuentas de hotel? ¿Los alimentos diarios tuyos y de tu familia? ¿Salían acaso de tus ahorros? Hasta dónde sé difícilmente tienes para invitar un café. A mí me ofreciste interceder ante Enoc para irme a radicar a San Cristóbal y rentarme una casa. No acepté.
En la edición 555 del lunes 18 de agosto de 2014 de la revista Areópago, publicaste una crónica titulada ¿Dónde inicia Chiapas? en la que derramaste miel sobre Enoc y lo llamaste “un hombre de pueblo; una persona bien intencionada”. Ya lo perfilabas, en esa crónica tuya, a la gubernatura en 2018. (Ahí tengo la edición a tus órdenes).
OTRA VEZ VENENO
Hoy, una vez más, escupes tu veneno como una víbora áspid en contra del hombre al que varias veces me dijiste que querías como hermano y que ya lo veías de gobernador en 2018, José Luis.
¿Así se trata a un hermano, con ese odio, con tal abominación y furia? ¿Así se trata al hombre que sufrió contigo en el dolor por lo ocurrido a tu hija Viridiana? ¿Así se trata al hombre que te dio de comer y también a tu familia? ¿Con eso pagas los favores? Te recuerdo que Enoc te contrató como su asesor cuando estabas desempleado.
Según tú has hecho soberbia “investigación” publicando una lista de “aviadores” y en ella me incluyes. Ciertamente soy asesor de medios de ese Instituto (ICATECH), y no me da vergüenza porque cobro un sueldo menor al que me merezco porque yo sí soy un profesional. Combino mis funciones de columnista en varios diarios y asesor de la revista Areópago y eso me da para vivir. ¿Tiene algo de ilícito eso?
Pero si vamos a pedirnos cuentas empecemos por ti, José Luis. ¿Cuánto cobraste en el ICATECH sin aparecer en nómina? ¿Cuánto cobraste en Mover a Chiapas sin estar en la nómina? ¿Cuánto cobraron tus hijas cuya altanería es igual que la tuya? ¿Cómo conseguiste los contratos de asesoría a favor de tu “empresa”? Y ya entrado en dichos hay te va otro: Tanto peca el que mata la vaca como el que le jala la pata.
A diferencia de ti, apreciado José Luis, no niego ni negaré mi amistad con Enoc Hernández Cruz. Lo conozco desde muy joven. Lo he visto crecer políticamente. Conozco a su madre y su padre Walter me apreciaba. En alguna ocasión yo mismo le publiqué columnas criticándolo porque pensaba que su ascensión al poder lo estaba cambiando.
Me da gusto que Enoc haya escalado con tal éxito en la política. Es de los pocos periodistas que lo ha hecho y eso debe darnos gusto. Y le estoy muy agradecido porque en mis tiempos difíciles me ofreció la oportunidad de un trabajo que, gracias a Dios, me ha dado para comer.
Yo, al igual que Enoc, desoí cuando me hablaban sobre tu pobreza como ser humano y me decían que eres un individuo moldeado en el rencor y atormentado por demonios internos. Y desoí esas opiniones porque imaginaba a aquel muchacho sencillo que trabajaba en el IMSS y al que le perdí la pista mucho tiempo pero me dio gusto volverlo a ver.
Soy enemigo de treparme a un ring mediático porque el apotegma nos enseña que entre gitanos no debemos leernos las manos. Pero lo que estás haciendo, José Luis, no es ético, no es de caballeros, no es de un profesional, no es de hombres. Es más bien un acto cobarde. Un acto de infamia y repudiable. Una bajeza.
Estás enfurecido porque a tus hijas les dieron de baja como “trabajadoras” del ICATECH y porque a ti te rescindieron los contratos de “asesoría”. Esa y no otra es la razón del artero golpeteo que has enderezado en contra de Enoc. Pero tú sabes que Enoc ya no era director del ICATECH al momento en que tú y tus hijas causaron baja del Instituto.
No estás descubriendo nada, José Luis. Ya Enoc en su momento te dio una explicación clara y matemática de cómo manejó ese Instituto cuando fue Director del mismo y cómo lo dejó al irse a otra responsabilidad en la que por cierto tú también lo acompañaste.
Y no había necesidad de explicarte pero lo hizo porque tu maldad y tu oprobio te han llevado al grado de aporrear vil y miserablemente en tus columnas a su esposa Dulce y a sus hijos. A ese nivel llega tu maldita perversidad. Golpeas a la señora que te abrió la puerta de su casa y muchas veces te invitó a su mesa.
Ignoro quién te haya proporcionado la información con la que tratas de hacer un escándalo y engañas a la opinión pública que en estos momentos está ávida de sangre por las coyunturas que conocemos.
Pero qué bueno que la haces pública porque eso habla de la transparencia con que se maneja el ICATECH. No he visto que en otros lados cualquier hijo de vecina tenga acceso a las nóminas de una dependencia. ¿O acaso tú te las robaste siendo asesor de prensa del ICATECH y llamabas hermano a Enoc?
No sé qué vayas a decir de mí después de leer esto. Di y publica lo que quieras. Difámame, no me interesa, porque no tendrás contestación. Si te veo en cualquier cruce del camino te saludaré con el mismo afecto de siempre.
Sólo cierro con esto, apreciado José Luis: Nunca olvides la fuente que te ha dado de beber.
Atentamente.
HUBERT OCHOA.
