Viridiana Bretón
El próximo cinco de junio habrá elecciones en 12 entidades de la República Mexicana, se elegirán 12 gobernadores, 388 diputados y 548 ayuntamientos de 11 estados (en Oaxaca serán 153 por partido político y 417por usos y costumbres).
Estas 12 entidades son: Aguascalientes, Chihuahua, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas, entre ellas acumulan el 32.3 por ciento de la población del país. Se renovarán gobernadores cuyo periodo es de seis años a excepción de Puebla y Veracruz con sus mini gubernaturas de 2 años.
Los tres estados con más electorado, y que tendrán los ojos de todos según se muevan los pronósticos para el 2018, son Veracruz, Oaxaca y Puebla, donde la alianza PAN-PRD se ha consolidado en los dos primeros; los jarochos con un panista Miguel Ángel Yunes y los oaxaqueños con un perredista Estefan Garfias.
Este proceso electoral tendrá tres situaciones relevantes, una la fractura del voto (por la cantidad de candidatos, muchos a quienes negaron candidaturas cambiaron de partido para contender) lo que beneficia al PRI por su –de todos conocido–, voto duro; la segunda es la aparición de los Independientes, quienes se las ven duras para cumplir con una serie de requisitos, entre ellos, registrar una Asociación Civil (A.C.) y conseguir 75 mil firmas para poder contender.
Y por último, la que nunca falta y se presenta cada vez con más fuerza desde precampañas, la guerra sucia, que ocupa la manipulación como arma para desprestigiar a los adversarios, y que en realidad asemeja una competencia de quién es el más corrupto.
Es una lástima que los ataques entre los aspirantes apuntale solo lo negativo y deje de lado las propuestas y estrategias para abatir el rezago que vivimos a diario en los estados. Nadie menciona cómo combatirán la inseguridad, la pobreza, la decadencia en salud y educación, o cómo pagaran las deudas, y sólo se dedican a espiar a tal grado de inventar historias de sus contrincantes.
Apostar al odio, las denostaciones, el espionaje y la manipulación a través de medios electrónicos son prácticas negativas de estos aspirantes que provocan desconfianza en el electorado y, valiéndose de las redes sociales, lanzan mentiras que rápidamente se vuelven virales. No olvidemos aquello que dijo el célebre revolucionario ruso Lenin: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.
Los votantes tenemos que exigir propuesta en lugar de escarnio, porque no olvidemos que las promesas deben predominar en su plataforma. Deben incluirse obligatoriamente la transparencia y la manera de derrocar la tan creciente impunidad, y urge que armen un mejor equipo jurídico y denuncien públicamente los actos de corrupción de sus adversarios.
Es necesario que actúen desde ahora, porque esas promesas a la hora de tomar el poder quedan escritas en hielo y nunca llega el castigo. Se “olvidan” de los discursos y en las altas cúpulas pactan acuerdos que los vuelve cómplices de los que antes eran sus enemigos.
Hace un par de días en la revista estadounidense Bloomberg, el hacker colombiano Andrés Sepulveda aseguró que espió a Andrés Manuel López Obrador y a Josefina Vázquez Mota en la elección en la que ganó Enrique Peña Nieto. “Mi trabajo consistía en hacer acciones de guerra sucia y operaciones psicológicas, propaganda negra, crear rumores, el lado oscuro de la política que nadie sabe que existe pero todo el mundo puede ver” según sus palabras. Para que vean cómo se las gastan
