BASURA: OPERACIÓN SUICIDA

Augusto Solórzano López /ASICh

Mientras hoy los reflectores favorecerán a la imagen de Doña Beatriz Paredes Rangel como receptora de la Medalla “Rosario Castellanos”, pienso que la situación de la protección Civil en Tuxtla Gutiérrez es de pronóstico reservado, mientras las autoridades no planifiquen y la población aprenda que “no todo es gobierno como tampoco no todo es pueblo y que hay que ayudar”.
En materia de la protección civil siempre he sostenido que no se valen las mentiras. Sobre riesgos derivados de huracanes y excesiva lluvia, el lenguaje claro es mejor que esconder o disfrazar las cosas, por difíciles o duras que sean. Tuxtla ofrece riesgos importantes.

En la presente temporada dije hace un par de días que “Tláloc nos ha tenido compasión”. Porque los estragos a nivel estado efectivamente han sido mínimos aunque en la capital Coneja con menos de 200 milímetros de caída de lluvia ya nos estamos ahogando.

Quieran reconocerlo o no, esa es la verdad. Son decenas de familias las que por cada vez que llueve tienen serios problemas que afortunadamente no se han descoyuntado, pero, que poco ha faltado y de hecho en las partes bajas ha sido tremendo.

Cada vez que llueve no solo el ciudadano común, sino, las propias autoridades del Buró de Protección Civil están con el “Jesús en la boca” porque saben que hay peligro y que ante esa eventualidad, es bien poco lo que se puede hacer.

Cierto se dispone de un efectivo sistema de Protección Civil, pero, Tuxtla Gutiérrez carece de un efectivo y bien planeado sistema hidráulico para el desfogue de sus aguas y las que tiene son insuficientes.

Y aquí no es de buenas intenciones, cuando se desgajan las avenidas de agua quién es el súper héroe que las pueda contener. Siempre ocurre y pasa lo mismo. Cuando empieza el ciclo de lluvias empiezan las obras.

Obras cuyos costos seguramente se multiplican porque lo que hoy hacen, mañana se lo lleva el agua y así sucesivamente. La verdad somos más de mil los que nos preguntamos porque no trabajan cuando se puede trabajar.

Si a estos inconvenientes más otras imprudencias oficiales que la gente sabe mejor, hay que agregar que un enorme número de ciudadanos todavía no entendemos que una sola basurita que arrojemos en la calle. La lluvia nos la regresa con una inundación.

No hemos podido pensar, reflexionar y detener la mano para arrojar basura en la vía pública. No hemos podido evitar sacar los desechos en horas inadecuadas como tampoco la autoridad ha sido capaz de exigir una competente recolección de basura.

Si sumamos la irresponsabilidad nuestra como sociedad y la de la empresa que gana una millonada con la privatización de la llamada “limpieza de la ciudad”, por supuesto que tenemos una ciudad sucia que se ve más sucia cuando llueve.

La invitación es para que veamos no unas; no. Todas las alcantarillas que podamos cuando llueve y veamos el tamaño de la irresponsabilidad de la referida empresa recolectora de basura y la nuestra traducida en miles y miles de “Pet”, plásticos y todo de tipo de basura obstruyendo el anacrónico sistema de drenaje.

El gobierno como gobierno es culpable y el pueblo como pueblo también. Urgente una campaña bien organizada para tomar conciencia y detener esta suicida acción de arrojar basura por doquier.ASICh

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