No se puede con la indiada
Este dicho muy de acá (o séase de acá), no puede mejor retratar a una pléyade de “ínclitos” políticos que se desempeñan como legisladores federales; ya bien los que están en el Palacio de San Lázaro (Diputados) o los senectos que dormitan allá en la Casona de Xicoténcatl 9 (senadores). Y esto dicho no por faltarles al respeto sino por contrario, el que éstos nos faltan en sus múltiples desacuerdos. Como en el caso del orate disque petista, Eduardo Fernández Noroña, sedicente diputado federal quien un día sí y el otro también, les falta el respeto a las instituciones como en reciente ocasión a la presidencial. Es decir, al mismísimo presidente Felipe Calderón Hinojosa. Se les acabó el discurso.
Pero no entraré a detalles de la alocución del “locutor” de Norroña, no. Sería darle demasiada importancia. Lo qué sí y hasta ahí lo dejaré, es que apenas iniciado el periodo ordinario de sesiones en la cámara federal de diputados, el multicitado escandaloso “diputeibol” (peor), reventó la sesión al insultar al mero preciso lo que orilló a toda la fracción albiazul, retirarse de la sala de plenos seguidos por los “verdecologistas”. Pero insisto, lo que preocupa o más bien encabrona no es que se desmayen (acción de quitarse las mallas) o que se miren feo y se hagan ascos, no. Sino que en esa estúpida rueca de arrebatos y descalificaciones y no generalizo pero bueno, lo urgente lo que demanda el país y los mexicanos todos en materia legislativa, lo menos, leyes más justas y niveladoras de oportunidades, pues con estas actitudes ¡ni para cuándo! Verdaderos cavernícolas. (Perdón por los cavernícolas)
La historia se repite
Así y lo hemos visto a través de la historia (y no aprendemos), la lucha por el poder entre los grupos de poder (porque ahora todos lo tienen aunque ciertamente en diferente medida, pero lo tienen) que perviven en este sistema partidocrático que nos gobierna, insisto históricamente, nos han postrado en el atraso. Así los “escoceses” y los “yorkinos” o bien los conservadores y liberales éstos en el siglo XIX; y ya para el siglo XX (y lo que va del XXI) con partidos como el PRI, PAN y PRD. Ah y por supuesto, aliados con sus partidos satélites. Así y casi en automático, cuando hablamos de partidos políticos hablamos de; atraso económico y social, corrupción y mal gobierno.
El descrédito así, ah y ganado con creces por la clase política nacional salvo su “salva parte”, no solo se ha vuelto la variable constante que determina su probada ineficiencia para gobernar sino igualmente, abona día a día a la desconfianza ciudadana. Por desgracia a los mortales comunes y corrientes que sumamos millones en este país, más allá de las respetables filias y fobias partidistas de cada cuál, amén de que “caso” tienen opción, son obligados a votar en tiempos electorales por una opción partidista, les guste o no sus respectivos candidatos. Por ello mismo el que se empiecen a incursionar en otras opciones democráticas como por ejemplo; la consulta popular, la iniciativa pública, el plebiscito, las candidaturas comunes y las propias ciudadanas, están llamadas a convertirse si no, en el único camino alternativo a los partidos, sí una posibilidad real de darle la oportunidad a que la sociedad tome para sí las candidaturas al margen de los partidos, tal y como ahora son los ciudadanos (pese al IFE), quienes organizan las elecciones, cuentan los votos y las califican. ¡Faltaba más!
Ya de salida
Pero volviendo al entuerto motivo del comentario, vale la pena que la sociedad organizada y por desgracia, habrá que reconocerlo así, al margen de los partidos políticos, tiene ante sí la responsabilidad que no la oportunidad porque no nos las están dando, de alzar la mano y la voz para pasar lista de presente. Si no, si no recobramos para los propios ciudadanos la iniciativa de coincitar, señalar, disentir, corregir, criticar y ser propositivo, nos estaremos condenando a per se, ser espectadores lánguidos cuan irresponsables y entonces sí, aguantar callados a que los partidos políticos y sus crápulas líderes, nos sigan enfrentado y en ese caos, como históricamente ha sido, quedarse con el botín que para ellos representa detentar el poder. No importando dónde éste, esté. Me queda claro.
