Carlos Hiram Culebro Sosa / ASICH
Cuando el autor de estas líneas cursaba Psicología en la UNAM, un maestro invitó a sus alumnos a visitar un grupo de Alcohólicos Anónimos (AA). Para el suscrito y demás estudiantes fue una impresión brutal el escuchar a varones adultos (ninguna mujer), relatar las atrocidades cometidas durante sus borracheras, así como la vida ordenada que llevaban en ese momento, expresado por todos ellos sin presentar alteración evidente en su apariencia, lenguaje y pensamiento; al practicar lo que se estudiaba con ese docente.
Más de 50 años de ese primer contacto con AA, Carlos Hiram desea precisar algunas diferencias entre el bebedor activo y quien está en proceso de recuperación en esa agrupación, en el entender que a estos últimos se les denomina de esa manera aunque lleven muchos años sin ingerir licor.
Como en otros artículos sobre la citada agrupación, el suscrito espera no caer en alguna falta de exactitud en relación a Alcohólicos Anónimos.
El alcohólico activo presenta, entre otras conductas, autoengaño, al no reconocer su problema; minimiza o justifica las consecuencias de sus borracheras (negación); tiene dificultad para postergar gratificaciones (impulsividad); presenta cambios bruscos de su estado de ánimo e irritabilidad (inestabilidad emocional); pérdida de interés en familia, trabajo, escuela (aislamiento); mentiras constantes para ocultar su consumo (deshonestidad). La celotipia en muchos de ellos tiene su origen en la pérdida del apetito sexual que genera el alcohol, de donde se deriva su temor a que su pareja le sea infiel.
Los comportamientos antes mencionados, son magistralmente explicados por el Dr. Elvin Morton Jellinek después de analizar a más de dos mil adictos a las bebidas embriagantes, lo que originó la Escala de la Alcoholomanía, que refiere la secuencia de un adicto al alcohol etílico, que inicia con el consumo ocasional y termina con la pérdida de la vida, o bien, en una prisión o un hospital psiquiátrico.
El alcohólico en recuperación, al practicar los 12 pasos, que son el conjunto de principios que guían ese proceso, refiere una transformación profunda en su proceder, que implica los siguientes cambios: reconoce su problema con las bebidas embriagantes y practica la sinceridad consigo mismo y los demás (honestidad); acepta sus limitaciones y busca ayuda en un Ser Superior y en sus compañeros del grupo de AA en que participa (humildad); asume las consecuencias de su actos negativos del pasado y busca reparar los daños causados (responsabilidad); aprende a manejar frustraciones, resentimientos y miedos sin recurrir al licor (equilibrio emocional); desarrolla el deseo de ayudar a otros alcohólicos (servicio).
Estos cambios también se reflejan en la vida familiar, escolar, laboral y social de unos y otros.
En suma, el alcohólico activo vive dominado por la negación y desadaptación. Por el contrario, el alcohólico en recuperación busca vivir con honestidad, humildad y servicio.
Al visitar actualmente a diferentes grupos pertenecientes a la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, AC, Carlos Hiram sigue observando lo antes referido, con una diferencia: ahora hay más mujeres que participan en AA. Si no hay cambios en las políticas gubernamentales que atiendan la amplitud y gravedad de los problemas individuales y sociales asociados al uso de bebidas alcohólicas, incluyendo la tendencia generalizada hacia niveles de consumo más alto, advierte que cada vez habrá más alcohólicos activos, pero también se incrementará el número de militantes en AA, incluyendo damas y jóvenes -de ambos sexos- cada vez más jóvenes.
* Identificado como AAA, abreviatura de Amigo de Alcohólicos Anónimos
