A ESTRIBOR /Juan Carlos Cal y Mayor /A Juan Trinidad

No he podido hilar las palabras necesarias estos días. Es grande mi pesar por la repentina muerte de un amigo como lo fue Juan Trinidad. Me deja una extraña sensación de lo importante que se puede ser y al mismo tiempo lo efímeros que somos. Lo necesarios y al mismo tiempo lo prescindibles. Es cuando nos damos cuenta de que la vida sigue a pesar de nosotros. Que tenemos que continuar lo que nos queda del viaje a pesar de que nos vamos deshojando, desprendiendo de nuestros afectos, desintegrando nuestro corazón en pedazos.

No hay palabras para aliviar a los dolientes, a Alma, su compañera de toda la vida, a sus hijos Juan Marcos y Ana Eva. A todos sus seres queridos y querientes.

Juan fue atento y generoso con sus amigos. Fraterno. A pesar de sus múltiples quehaceres y obligaciones estaba siempre al pendiente de los demás. Su energía era impresionante, apenas conversé con él sobre ello. Lo visité apenas y me visitó en casa recientemente siempre atento a mi estado de salud. Amigos en común estaban pendientes de reunirse con él en estos días. Nos reunimos, sí, pero para acompañarlo en su última morada. Seguimos sin digerir lo abrupto de su partida.

Juan fue un político de tiempo completo. De esos que ya no hay. Entendía la política, sabía hacer política. Gozaba de solvencia. La política no era un modus vivendi sino una vocación. Juan transitó por ella acumulando afectos. Tuvo coincidencias y también diferencias en la política provocadas por las circunstancias. Su charla era siempre amena, reía y hacía reír. Era común escuchar sus anécdotas, una y otra vez y reír de nuevo. Trataba siempre de resolver con sentido práctico, humano. Sabía servir. Entendía que, sin saber servir, los políticos no sirven. Perteneció a toda una generación de políticos hoy cada vez más escasos. Él era él, con cargos o sin cargos, con poder o sin poder, siempre vigente, siempre un referente.

Le dio lustre a este gobierno desde su desempeño en el poder judicial. Trabajo sin descanso, abrazo siempre a su familia, supo sembrar y cosechar, vivió con intensidad. Fue quizás toda esa energía vital la que, de un repente, le cobró factura. Descansa en paz, amigo, hermano.

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