A 50 años del desplazamiento de Osumacinta: cultura indígena al borde de desaparecer

Jesús Gómez/ASICH

La construcción de la hidroeléctrica Presa Manuel Moreno Torres no solo cambió el paisaje de Chiapas, también borró parte de la historia de un pueblo entero, sostiene José Espinosa Sánchez, coordinador del Centro Pueblos Indígenas Zoque Tsotsil de Copainalá, dependiente del INPI (Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas).

En 1976, las últimas familias del antiguo Osumacinta fueron obligadas a abandonar sus casas para dar paso al embalse de la presa. De acuerdo con José Espinoza Sánchez, del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, el traslado se realizó sin consulta a la población.

El pueblo quedó bajo el agua. Sus casas, patios y huertos desaparecieron y con los años, también su lengua.

Hace medio siglo, la lengua materna en la zona era el Idioma Zoque; hoy apenas quedan entre 4 y 6 hablantes, según estimaciones basadas en censos recientes.

El desplazamiento también transformó la economía, las tradiciones y la vida comunitaria. Actividades históricas como la producción de ixtle prácticamente desaparecieron.

Aunque la presa trajo carreteras y conexión rápida con Tuxtla Gutiérrez, el costo cultural sigue siendo profundo para los pueblos originarios.

Cada año, habitantes realizan un recorrido en lancha hasta el lugar donde quedó el antiguo pueblo, ahora sumergido bajo el agua, para recordar su historia, sobre todo por el desarrollo sin consulta, cultura desplazada y lenguas en riesgo.

El caso de Osumacinta sigue siendo un recordatorio de los impactos sociales que pueden dejar las grandes obras de infraestructura.

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