-México trabaja demasiado… y el descanso sigue aplazado
México es un país que trabaja como si descansar fuera un privilegio. No es una exageración: estamos entre las naciones con más horas laborales al año, pero seguimos arrastrando salarios insuficientes, productividad estancada y una cultura que premia la permanencia, no el rendimiento.
Durante décadas se repitió el mismo argumento: “hay que trabajar más para crecer más”. Pero el resultado es evidente. Más horas no nos hicieron más prósperos. Solo nos hicieron más cansados.
Por eso, reducir la jornada laboral a 40 horas semanales no es una moda ni un eslogan. Es una reforma necesaria para que México deje de operar con reglas del siglo pasado. La jornada laboral prácticamente no ha cambiado en casi cien años. Lo extraño no es discutirla. Lo extraño es haber tardado tanto.
El problema no es la idea. El problema es la demora. Cuando una reforma se anuncia como histórica pero se empuja hasta dentro de varios años, el mensaje es claro: la dignidad se reconoce, pero se pospone. Se promete un avance, pero se entrega lentamente, como si el tiempo de vida de millones pudiera esperar.
La pregunta es simple: ¿por qué aplazar hasta 2030 algo que afecta hoy a trabajadores, familias y comunidades enteras?
Esto no se trata solo de reducir un número en la ley. Se trata de recuperar tiempo. Tiempo para convivir con la familia, cuidar la salud mental, estudiar, emprender, descansar, vivir. Un país donde el trabajo consume todo termina siendo un país sin equilibrio y sin futuro.
Además, la evidencia internacional es consistente: jornadas más razonables no reducen la productividad, la mejoran. Menos desgaste significa mejor desempeño, menos ausentismo y mayor bienestar. Trabajar más horas no es eficiencia. Es precariedad normalizada.
México necesita cambiar la ecuación: menos explotación, mejores ambientes laborales, salud ocupacional y productividad real. Hasta ahora, laborar más no nos ha hecho crecer. Nos ha desgastado.
Esta reforma también toca una desigualdad profunda: las mujeres se incorporaron masivamente al trabajo remunerado, pero siguen cargando con la mayor parte del trabajo de cuidados. Reducir la jornada es también justicia cotidiana.
La dignidad no se agenda para después. El descanso no es un lujo. Es parte de una vida laboral moderna.
Las 40 horas no son solo una reforma. Son una decisión de país. Y México ya no puede seguir detenido un siglo, esperando que el derecho al tiempo llegue algún día.
Carlos Enrique Avendaño Nagaya
Secretario de Acuerdos,
Comisión Operativa Estatal Movimiento Ciudadano Chiapas.
