José Vasconcelos Calderón (Oaxaca, 27 de febrero de 1882 – Ciudad de México 30 de junio de 1959) fue un abogado, político, escritor, educador, funcionario público, pedagogo y filósofo mexicano. Autor de una serie de relatos autobiográficos que retratan detalles singulares del largo proceso de descomposición del Porfiriato, del desarrollo y triunfo de la Revolución mexicana y del inicio de la etapa del régimen post-revolucionario mexicano que fue llamada «de construcción de instituciones».
Fue nombrado primer Secretario de Educación Pública del país y rector de la Universidad Nacional condecorado como Doctor Honoris Causa por la misma institución y por las de Chile, Guatemala y otras latinoamericanas. Fue también miembro de El Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua.
Hace 141 años nació en Oaxaca uno de los grandes ideólogos y educadores mexicanos. Se desempeñó como titular de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, candidato presidencial, secretario de Educación Pública y miembro fundador del Colegio de México. A él se le debe el famoso lema de la UNAM, Por mi raza hablará el espíritu. Su nombre es José Vasconcelos Calderón (1882-1959).
El proyecto educativo emanado de la Constitución de 1917 proponía revolucionar la instrucción y reconstruir la nación. Unificar el sistema de educación básica era una necesidad de la segunda década del siglo XX. La materialización del propósito comenzó en 1921 con la creación de la Secretaria de Educación Pública (SEP).
Difundir la cultura en todos los rincones del país, constituyó el punto de partida de la política educativa del periodo de reconstrucción nacional que inició el presidente Álvaro Obregón en 1920, quien responsabiliza a José Vasconcelos de la tarea educativa nacional.
Los objetivos del modelo vasconcelista eran claros, la educación debía ser; función exclusiva del Estado; laica, gratuita y obligatoria. Para Vasconcelos, el crecimiento y progreso nacional se basa en la revolución educativa del pueblo. Sólo a través de la educación de las masas es como se podía llegar a la transformación de “nuevos ciudadanos”. Por ello, la prioridad de crear escuelas rurales, primarias y técnicas. Además de emprender una cruzada contra la ignorancia y el analfabetismo a favor de la educación indígena.
Dividió la secretaría en tres grandes departamentos que abarcaban todos los institutos de cultura: escuela, bibliotecas y Bellas Artes. El primero comprendía la enseñanza científica y técnica tanto teórica como práctica. El segundo era un complemento de la campaña de alfabetización y del primer departamento, aparte de ser un servicio para quien no podía inscribirse a un sistema educativo formal. El último ofrecía canto, dibujo y gimnasia dentro de las escuelas a cargo de la antigua Academia de Bellas Artes, el Museo Nacional y los Conservatorios de Música.
La organización de la secretaria permitió la creación de nuevas escuelas que contenía bibliotecas, estadios para deportes, coros en el centro, salones de clases y talleres en departamentos laterales. El nuevo sistema de enseñanza contó con cinco mil nuevas escuelas, nueve mil maestros y un millón de alumnos más. También fundó numerosas escuelas industriales, técnicas y agrícolas como el Instituto Tecnológico de México y la Escuela de Ciencias Químicas.
Vasconcelos creía en una visión liberalizadora de educación para el individuo. En consecuencia, se debía insertar a todos los indígenas a la nación, sin discriminarlos ni excluirlos, y sólo se lograría a través de la educación. Su deseo era hacerlos mexicanos.
Estableció un departamento auxiliar y provisional de Enseñanza Indígena para emprender el programa nacional de Misiones Culturales. Su nombre se debía a la antigua labor de los misioneros del Virreinato, la intención era educar a las poblaciones más necesitadas en cultura, tecnología y salubridad. Vasconcelos sólo fue titular de la SEP por tres años, pero el programa permaneció con gran auge una década más. La filosofía educativa y humanista de Vasconcelos estimuló las artes plásticas. Durante su mandado como titular de la SEP apoyó el desarrollo de la pintura mural, auspició las obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Esta fue su manera de defender la identidad nacional mexicana integrada al proceso de cultura iberoamericana y universal.
Siempre será recordado por sus aportes como fundador de la política cultural y educativa del Estado posrevolucionario. José Vasconcelos es una pieza fundamental en la creación de una cultura nacional, de donde surge el nacionalismo del México moderno.
Después de cinco años de exilio, Vasconcelos regresa a la Ciudad de México junto al general Obregón. El presidente interino Adolfo de la Huerta (1920) lo nombró rector de la Universidad Nacional de México el 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921.
De acuerdo con los ideales de Vasconcelos la Universidad tenía la misión de impartir enseñanza y preparar a una generación de técnicos y humanistas que trabajaran y colaboraran con la sociedad.
Al ser nombrado rector de la Universidad Nacional dijo «Yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo», fue su propósito como rector.
El motivo por el cual José Vasconcelos quería preparar a los estudiantes universitarios era porque México acaba de finalizar con la revolución mexicana, y la restauración de México para Vasconcelos solo se podría lograr por medio de la educación y la acción social.
Las acciones que realiza como rector de la universidad fueron básicamente para divulgar los clásicos (literatura, música, arquitectura, etc.). Empieza con proyectos que pretendieron humanizar a la comunidad universitaria.
Su espíritu iberoamericano, expresado en su obra literaria, queda también reflejado en la propuesta al Consejo Universitario, en abril de 1921, del escudo que la actual UNAM ostenta hasta la fecha y en el que plasma su convicción de que los mexicanos deben difundir su propia patria con la gran patria hispanoamericana como una nueva expresión de los destinos humanos. La leyenda que propone para dicho escudo constituye hasta ahora el lema de la Universidad Nacional: «Por mi raza hablará el espíritu».
