Desde su creación la Real y pontificia Universidad de México, según la cedula de septiembre de 1551 ha observado diversos cambios que comprenden desde la clausura por los liberales en 1833 bajo el argumento que era una Institución perniciosa, inútil e irreformable hasta las supresiones y aperturas correspondientes dictadas por los grupos en pugna que se recambiaban en el poder, durante el siglo pasado.
Ya en los primeros lustros de nuestro siglo se emprendieron reformas en la Universidad, pero no fue sino hasta en 1929 cuando las circunstancias favorables de la sucesión presidencial que experimentaban una división en el seno del partido dominante junto con el descontento estudiantil generalizado presionaron al mandatario a conceder por razones políticas una autonomía limitada que tenía como fin neutralizar el Movimiento Universitario. El 10 de julio de 1929 el presidente Emilio Portes Gil promulgó la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México, con la que nuestra máxima casa de estudios alcanzó al fin la autonomía.
La Universidad Nacional de México, heredera directa de la Real y Pontificia Universidad de México (la más antigua de América), fue fundada en 1910 por el maestro Justo Sierra como parte de un ambicioso, sólido y novedoso proyecto educativo, pero llegó la Revolución mexicana y durante la violenta década siguiente la Universidad languideció, sobreviviendo apenas.
Fue en 1920, cuando el país recuperó una paz relativa y se asentó firmemente en el poder el grupo vencedor de la Revolución, que la nueva Universidad pudo efectivamente iniciar sus tareas sustantivas y atender las crecientes necesidades de educación y cultura de nuestra patria.
Bajo la generosa e infatigable dirección de José Vasconcelos, la Universidad adquirió la presencia en la vida nacional que Justo Sierra había pretendido darle y empezó a ser la institución formadora de las élites políticas e intelectuales de México; además, la matrícula y la calidad de su planta docente aumentaron considerablemente.
Así pues, en los años veinte la Universidad había cobrado vida nueva. En ese contexto estalló la huelga estudiantil de mayo de 1929, en contra de algunas medidas administrativas de escasa importancia. Sin embargo, pronto los huelguistas dejaron atrás esas limitadas demandas para exigir un cambio a la Ley Orgánica, pues seguía vigente la de 1910, así como un aumento del presupuesto, el cual apenas se había duplicado, a pesar de que la matrícula se había multiplicado por cinco. La huelga se extendió hasta afectar a 22 escuelas y 18 mil jóvenes universitarios.
El gobierno entró en negociaciones con los huelguistas a través del doctor José Manuel Puig Casauranc, exsecretario de Educación, quien luego de escuchar las demandas de la grey estudiantil, recomendó al presidente la solución del conflicto y la prevención de conflictos posteriores mediante “la concesión de una absoluta autonomía técnica, administrativa y económica a la Universidad Nacional”.
La autonomía demandada por los estudiantes se entendía como la independencia frente al gobierno y la designación de autoridades en el seno de la institución y con sus propios mecanismos. El tema ya había sido ampliamente debatido en los años anteriores, pues en 1928 se había formado una comisión de universitarios que redactó un proyecto de Ley Orgánica cuyos puntos medulares fueron retomados por Emilio Portes Gil en la ley expedida en julio de 1929.
El presidente recibió a los líderes de los huelguistas el 29 de mayo y les ofreció esa solución, recibida con entusiasmo por los universitarios. El 3 de junio iniciaron los debates en el Congreso de la Unión sobre el proyecto de Ley Orgánica enviado por el presidente, que reformaba la de 1910. El 10 de julio de 1929 se expidió la Ley Orgánica de la UNAM, con carácter independiente desde entonces. Dos días después, en una asamblea estudiantil, se dio por concluida la huelga que duró 68 días.
Hoy, Autonomía Universitaria significa tres cosas:
a) Capacidad plena de la Universidad para gobernarse a sí misma: elegir a sus autoridades, determinar las formas de gobierno, de organización y de toma de decisiones , así como darse la legislación que requiera.
b) Posibilidad de administrar sus recursos de acuerdo con sus necesidades; tanto los edificios de su propiedad o bajo su administración, como el inventario y los recursos provenientes del subsidio estatal, donaciones o los propios que pueda generar.
c) Libertad de cátedra, para que los académicos puedan desarrollar sus tareas con libertad para elegir enfoques y metodología, sin directriz institucional, ni presiones del poder, siempre y cuando cumplan con los planes de estudio.
Históricamente, no ha sido siempre ésta la definición de Autonomía.
En este apartado veremos cómo sucedió el movimiento de 1929, cómo se definió entonces la Autonomía en la ley, y cuáles fueron los primeros derroteros de la Universidad Autónoma.
Qué sucedió. El conflicto estudiantil comenzó por un tema de exámenes —de ser anuales pasarían a ser semestrales— y pronto escaló a otros temas: gobierno universitario, compromiso de la Universidad con la Revolución y el desarrollo nacional; participación y representación. Se debatieron entonces los temas fundamentales de la autonomía.
La Reforma de la universidad de Córdoba, la de la universidad Michoacana y los congresos de estudiantes de los años veinte constituían tradiciones e inquietudes transmitidas de maestros a alumnos y conforman el bagaje de los actores del movimiento de 1929. El debate fue paralelo a movilizaciones y ocurrió en medio de una huelga universitaria, que se extendió a otras escuelas de la ciudad y del país.
Tras una entrevista con el presidente Emilio Portes Gil, se acordó la autonomía para la Universidad. El Congreso facultó al ejecutivo para emitir una nueva ley orgánica para la Universidad. La presidencia recibió documentos donde la sociedad se expresaba. Escribieron los estudiantes, Ignacio García Téllez y diversos grupos y personas quienes se expresan en diferentes sentidos.
Finalmente, la ley fue publicada el 26 de julio de 1929, dando inicio a la vida autónoma de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM.
Los primeros pasos
La autonomía ha sido un proceso histórico, construido día con día, y su desarrollo no termina.
Los primeros pasos marcaron caminos, pero no definieron la ruta ni el destino. La vida autónoma de la universidad inició en 1929, ha tenido múltiples crisis y hoy es condición necesaria para asegurar la calidad de la investigación, la docencia, la extensión de la cultura y los múltiples servicio y estudios que el país requiere. Por tanto, la Autonomía se ha extendido a otras instituciones de enseñanza superior en el país.
