El secretario de Protección Civil en Chiapas, Mauricio Cordero, se empeña en repetir números que, en el papel, parecen espectaculares: que bajó el número de hectáreas quemadas, que ahora tienen ocho ambulancias en lugar de dos, que los accidentes atendidos pasaron de 170 a 850. Estadísticas que suenan bonitas en conferencia, pero que contrastan con una percepción cada vez más fuerte: opacidad, favoritismo y un manejo turbio dentro de la dependencia.
El caso del capitán Meléndez lo retrata con claridad. Oficialmente, se le apartó porque no quiso actualizarse ni capacitarse. Sin embargo, la otra versión —la que circula en los pasillos de la institución— es que lo movieron para abrir espacio a “los recomendados”. El propio Cordero lo admitió: “pusimos a dos personas por una, la primera joven egresada de la Escuela Nacional de Protección Civil y la segunda una recomendada del Dr. Guevara, director nacional de CENAPRED”. ¿Mérito profesional o simple cuota política? Esa es la pregunta.
El discurso del secretario sostiene que estos relevos fortalecen la institución. Pero la realidad es que huelen más a acomodos que a estrategia técnica. No es la primera vez que se habla de favoritismo: para unos, las puertas se cierran; para otros, se tienden alfombras rojas.
Y mientras tanto, la paradoja: en pleno 2025, Protección Civil sigue dependiendo de WhatsApp para atender emergencias. ¿En serio? Un estado con riesgos volcánicos, sísmicos, de deslaves e incendios, operando como si fuera un grupo de vecinos organizados. Esa sola admisión debería ser suficiente para encender todas las alarmas, pero parece que no preocupa a nadie.
Cordero es discreto en medios, pero su bajo perfil no lo salva de los jaloneos políticos ni de las pugnas internas que se comentan en voz baja. Lo cierto es que en Chiapas, Protección Civil debería ser una institución blindada contra intereses personales. Hoy no lo es.
Los números presumidos por el secretario corren el riesgo de quedarse en fachada. Porque cuando se trata de protección civil, los errores no se pagan con críticas ni con discursos huecos: se pagan con vidas.
Al final, Cordero presume bomberos, ambulancias y pronósticos… pero juega con fuego. Y tarde o temprano, en Chiapas, el fuego siempre cobra factura.
REFLECTORES
Dicen que las deudas de campaña le llegan hasta el cuello al alcalde de Metapa de Domínguez, Luis Salgado; los cobradores que no son los “gota a gota”, sino empresarios a quienes suplicó ayuda, hoy le están cobrando su dinero pero este presidentito a quien la fama se le subió bastante ya no les contesta llamadas ni mensajes, incluso dicen que ha girado instrucciones para que lo nieguen aún estando en la oficina de la presidencia.
El alcalde Luis Salgado debe pagar porque pidió dinero a gente que no se anda con medias tintas, usted ya sabrá amigo lector. Las deudas de juego son deudas de honor y en política también lo es.
Existe un abogado que acudió a la fiscalía para poner de conocimiento el tema de la deuda que tiene el químico Luis Salgado, abundaremos de ello en la próxima entrega.
Nos leemos en la próxima…
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