No debería sorprendernos que Tapachula y la frontera sur estén bajo la mirada de agencias de inteligencia extranjeras. Ha circulado información sobre la presunta presencia de agentes de la DEA, CIA y FBI, así como de representantes de otros países. El dato no ha sido confirmado públicamente por el CNI, pero tampoco resulta descabellado pensar que esta región estratégica despierte el interés de gobiernos que buscan información sobre migración, crimen organizado, tráfico de drogas, armas y personas.
El espionaje no nació ayer. Desde hace décadas las potencias observan, investigan y colocan piezas en los lugares que consideran estratégicos. Las películas solamente han exagerado una realidad que, en el mundo de la inteligencia, forma parte del juego.
Hoy la diferencia es que Estados Unidos ha elevado la presión sobre México para combatir al crimen organizado, particularmente a quienes han convertido el tráfico de drogas en un enorme negocio y han generado graves problemas dentro de la sociedad estadounidense.
Pero aquí viene lo verdaderamente delicado: la soberanía mexicana no puede reducirse a discursos. Se defiende con instituciones fuertes, inteligencia propia, policías profesionales y funcionarios incorruptibles.
Porque si agentes extranjeros observan desde nuestro territorio, la pregunta no solamente es qué buscan. También debemos preguntarnos qué están encontrando.
Y ahí está el verdadero problema. No todo extranjero es espía ni debemos caer en la paranoia. El ciudadano que trabaja, comercia o sale diariamente a ganarse la vida no tiene nada que temer.
Los que sí deberían preocuparse son aquellos que han hecho de la corrupción, la complicidad y los negocios con el crimen una forma de vida.
Porque ningún país necesita espías para descubrir lo que la propia realidad termina exhibiendo.
EL ESPIONAJE NO DEBE SER LA NOTICIA; LA CORRUPCIÓN SÍ
Quizá por eso la discusión sobre los supuestos agentes extranjeros debería llevarnos a una pregunta mucho más incómoda: ¿Por qué les resulta tan importante a otros países saber qué ocurre en nuestra frontera?
La respuesta puede estar precisamente en lo que nosotros mismos hemos permitido que suceda durante años. Una frontera desatendida, Instituciones débiles, Corrupción, Migración desordenada, Tráfico de personas, Contrabando, Narcotráfico, Lavado de dinero etc.
Y funcionarios que, en algunos momentos, han sido señalados por tener vínculos con intereses criminales.
El problema no es que el mundo mire hacia la frontera sur, el problema sería que nosotros no estuviéramos mirando con suficiente atención.
Así que mientras algunos se escandalizan porque presuntamente hay agentes de inteligencia extranjeros caminando por Tapachula, quizá deberíamos preocuparnos más por quienes llevan años caminando entre nosotros y utilizando cargos públicos para servir a intereses ajenos al pueblo.
Porque los espías pueden cambiar de identidad, Los criminales pueden cambiar de nombre, Los políticos pueden cambiar de partido. Pero los problemas permanecen cuando no existe voluntad para enfrentarlos.
La frontera sur no necesita paranoia. Necesita inteligencia, No necesita miedo, Necesita seguridad, No necesita discursos patrioteros, Necesita instituciones capaces de defender realmente el territorio nacional.
Y si efectivamente hay agentes extranjeros observando lo que sucede en esta región, quizá la pregunta no debería ser solamente “¿qué están haciendo aquí?”
También habría que preguntarnos:
¿Qué están encontrando? Porque si están encontrando corrupción, crimen organizado, complicidades y funcionarios al servicio de intereses particulares, entonces el problema no lo trajeron ellos.
El problema ya estaba aquí. Y esa, amigos lectores, es la parte de esta historia que verdaderamente debería preocuparnos.
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