Don Jesús Gutiérrez Cruz, fue considerado buen esposo, buen padre, buen abuelo, buen amigo, buen ciudadano…
Afortunado él por quiénes le tuvieron en excelente concepto y lo ensalzaron durante todo el proceso de duelo.
Afortunadas las personas que interactuaron con él, que le trataron en el seno familiar, que lo tuvieron como un ser querido o que simplemente lo observaron. Quienes, por mucho o por poco, lo consideraron un hombre de bien.
No sé si tuvo una vida facilita, fácil, llevadera o relajada. Pero por el cariño girado en torno a su figura, me hizo pensar en algunas personas que, en lugar de eclipsarse por el sufrimiento, han brillado y compartido su luz.
El miércoles se fue de este mundo; el jueves, su humanidad salió de la funeraria. En el templo católico le hicieron una misa de cuerpo presente y posteriormente, lo despidieron del hogar donde sus nietas, le llamaban con cariño de una manera muy singular.
Fue llevado a su última morada, en Chilpancingo, por su compañera de vida, su descendencia, familiares y amistades, quienes le acompañaron con flores, con su presencia, pero sobre todo con su buena voluntad. Hubo lágrimas por la irreparable pérdida de un jefe de familia, que, al predicar con el ejemplo, cosechó amor.
Don Enrique González Guerrero describió parte de su vida: lo que hizo, lo que fue, lo que le daba alegría y lo que destacaba de su forma de ser. En su emotivo mensaje quedó claro que, además de su consuegro, don Jesús era su amigo.
Se ha dicho mucho de lo que hay en el más allá y de lo que le corresponde a cada quién según sus obras. Por lo que cultivó entre quienes le trataron y quiénes le conocieron, se piensa que estará cerca del Creador.
Son pocos los casos en qué la pérdida de un patriarca, conmociona a las personas y las lleva a reflexionar sobre lo que importa, lo que vale, lo que debe valorarse, lo que trasciende. Don Jesús es una de esas personas que nos recuerda aquella expresión: “¿Por qué se nos va lo bueno?”.
Sea el presente texto un tributo, al hombre que, al ver los rostros y expresiones de quiénes le trataron de cerca, me hace pensar que dejó un grato testimonio de vida.
Gracias, don Jesús, por el recordatorio, de lo que vale la pena.
