Marcela Rodríguez teje ritual escénico con los cantos de María Sabina

Marcela Rodríguez tardó más de dos décadas en terminar una obra sobre María Sabina. Escribió, rompió partituras, dejó el proyecto y volvió a él varias veces. La vida, las palabras y los cantos de la curandera y chamana mazateca de Huautla de Jiménez, Oaxaca, le imponían demasiado respeto.

Al final, se atrevió. Invocación operística a la sabia de los hongos, de la compañía Ópera Portátil, tendrá su estreno mundial este 10 de septiembre en el Foro Experimental Black Box del Centro Nacional de las Artes (Cenart).

“Sentía que era un tema muy delicado como para hacerlo yo”, relató Rodríguez en entrevista con La Jornada. La compositora comenzó con una orquesta mayor, revisó una y otra vez la partitura y la dejó por largos periodos antes de retomarla. Hasta que se impuso una última disyuntiva: “Si logro terminar, estreno; si no, me olvido”.

El punto de partida fue Vida de María Sabina: La sabia de los hongos, libro de Álvaro Estrada que recoge el testimonio de la curandera mazateca. Rodríguez subrayó sus páginas durante años hasta seleccionar las frases que consideró “más reveladoras” y susceptibles de ser cantadas.

“Me basé justo en puras palabras de María Sabina”. El resultado quedó reducido a cinco voces, flauta, violín, violonchelo y percusión, con la dirección musical de Gonzalo Gutiérrez.

Las voces corresponden a Catalina Pereda y Lydia Rendón, con Graciela Morales, Narda Belinda Moreno e Ingrid Fuentes en el coro. El ensamble lo integran Mariana Chávez, flauta; Nabani Aguilar, violín; Virna Lanza, violonchelo, y Andrea Yañez Centeno, percusión.

“Se volvió una ópera de cámara, pequeña, manejable, austera, como María Sabina”. La compositora reconoció la distancia cultural frente a ese universo. A su juicio, las letanías trasladadas al castellano pierden parte del efecto que poseen en mazateco. Dijo desconocer el significado de algunas expresiones; de las grabaciones recuperó también melodías utilizadas por la curandera.

“Casi todo es inventado por mí”. A partir de ese material construyó tríos, quintetos, cánones y contrapuntos con referencias a la música antigua y renacentista, mezcladas con la contemporánea. En algunos pasajes mantuvo melodías asociadas con la chamana; en otros, creó la música para letanías, como “soy mujer aerolito, soy mujer mar, soy mujer viento”.

En ese largo recorrido conversó con el cineasta Nicolás Echevarría, director del documental María Sabina, mujer espíritu, quien le proporcionó transcripciones musicales realizadas por Gordon Wasson. Rodríguez hizo también las suyas y consultó grabaciones sonoras existentes, aunque precisó que no trabajó con materiales audiovisuales.

Hace unos dos meses, Jesusa Rodríguez se incorporó al proyecto. Las hermanas habían colaborado antes en La Sunamita y, junto con Catalina Pereda, en Las cartas de Frida. Esta vez asumió la dirección de escena y la escenografía con Daniel Primo a cargo de la iluminación y realización escenográfica, y encontró una clave en la manera en que instrumentos y voces se entrelazan.

“Me llamó la atención cómo está el tejido vocal, y de ahí pensé cómo podía ser una puesta en escena por medio de eso mismo, de una especie de tejido.”

El reto era abordar el universo de María Sabina sin perder de vista que se trata de una práctica perteneciente a otra cultura. La directora concibió un espacio orgánico, próximo a una ensoñación, para establecer esa distancia.

“Entendemos muy bien el respeto que se tiene a este ritual y todo lo que lo circunda”. De ahí una frontera que estableció con claridad: “la única ritualidad que existe aquí es la del acto escénico”.
Teatro, revelador de esencias

El montaje recorre fragmentos del libro en el que se basa. A veces el texto pasa a un coro de cinco voces; en otros momentos, queda en dos. La directora recuperó una enseñanza de Julio Castillo, su maestro, quien definía el teatro como “un revelador de esencias”. Desde esa idea planteó la invocación como un llamado entre actrices, músicos y público.

Las responsables solicitaron autorización a la familia de Álvaro Estrada y obtuvieron los derechos correspondientes de Siglo XXI. También establecieron contacto con el linaje de la sabia mazateca.

Bernardino García Martínez, bisnieto de María Sabina, viajará desde Huautla de Jiménez a la Ciudad de México para asistir al estreno. La producción le ofrecerá un reconocimiento. Su presencia adquiere especial importancia porque Jesusa Rodríguez evitó representar a la curandera en escena. Sostuvo que tanto su nombre como su imagen deben ser preservados. El propósito es que “el respeto y la admiración que le tenemos a esta mujer puedan reflejarse”.

La palabra “invocación” mira también hacia el presente. Marcela Rodríguez puntualizó que el título alude a una petición simbólica ante las guerras, la polarización y un panorama político mundial complejo. “Que nos oiga María Sabina, que venga a arreglar el mundo que está espantoso”, para ayudar “a que el mundo esté un poco más en paz”.

Por su parte, la directora se refirió a la crisis climática y al estado de agitación de la humanidad. Ante ese escenario, sostuvo, los saberes ancestrales y quienes tienen acceso a un ámbito espiritual pueden ofrecer “salida o, al menos, esperanza”.

Invocación operística a la sabia de los hongos, con producción general de Catalina Pereda, forma parte del ciclo Del color de la sandía.

Las funciones serán jueves 10 y viernes 11 de septiembre a las 20 horas, sábado 12 a las 19 y domingo 13 a las 18 horas en el Foro Experimental Black Box del Cenart (Río Churubusco 79, colonia Country Club Churubusco). Las localidades están agotadas.

 

Con información de LA JORNADA

¡Comparte la nota!