La música jamás me ha decepcionado; me ha hecho muy feliz: Federico Ibarra

Federico Ibarra Groth suelta una risa cuando se le pregunta si la música ha sido alguna vez ingrata con él. “¿Cómo cree? Todo lo contrario, ha sido muy grata su compañía en todos estos años. Si me tocara vivir nuevamente las mismas peripecias por las que he pasado, pues las afrontaría gustoso nuevamente”, responde.

Así transcurre la entrevista con quien no sólo es el compositor mexicano vivo que más óperas ha escrito –con nueve, además de un oratorio escénico–, sino también uno de los músicos más importantes y significativos de la escena nacional contemporánea.

En más de 50 años de trayectoria, ha elaborado una profusa obra que abarca casi todos los géneros musicales. Además de óperas, su catálogo incluye ballets, sinfonías, conciertos y sonatas, entre otras piezas para diversas combinaciones instrumentales y vocales, así como música para teatro y cine.

El motivo de la charla –vía telefónica– es su 80 cumpleaños, que tendrá lugar mañana y el cual será celebrado ese mismo día por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) con un concierto-homenaje en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 18 horas.

El programa estará enfocado en sus sonatas para piano, interpretadas por la concertista de Bellas Artes Guadalupe Parrondo y los jóvenes ejecutantes Diego Sánchez-Villa, Héctor Melicoff, Mateo Torres Mendoza y Sergio Solís Pinzón.
Tirar el arpa

Aunque afirma que la música nunca lo ha decepcionado, Federico Ibarra (Ciudad de México, 1946) ha reconocido que en un momento sí pensó en “tirar el arpa” y dedicarse a otra actividad.

Sin embargo, cambió de decisión cuando la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) –de la cual es profesor emérito– le comisionó su primera obra, a principios de la década de 1970.

Desde entonces nunca más se ha visto en un dilema similar: “me han decepcionado muchas otras cosas alrededor de la música, pero ésta, en sí, jamás. He sido muy feliz haciendo lo que decidí hacer: escribir y vivir de ella”, afirma el maestro, quien comparte que llega a estas ocho décadas de vida “muy bien, sin problema alguno”.

Lo que sí ha tenido que hacer es disminuir su actividad. “He bajado toda una serie de cosas que hacía y ahora estoy un poco más descansado”, dice, y reconoce que ha dado cierto impasse a la composición.

Actualmente, está en espera de estrenar su sexta sinfonía, aunque ninguna orquesta ha mostrado interés. La obra, concluida el año pasado y dedicada a Giacomo Puccini, está instrumentada para orquesta, órgano y cinco percusionistas.

Al comparar su juventud con la actualidad, el también pianista asume que ahora puede “reflexionar un poco más. Es decir, al principio era más el ímpetu de hacer y hoy es más el análisis, la reflexión”.

Por ejemplo, El vencedor vencido, su ópera más reciente, estrenada en 2024, que aborda la fallida expedición de Hernán Cortés a Las Hibueras (Honduras) en 1524. Explica que era “un tema muy acariciado” durante años, pero no lo concretó hasta que apareció el libretista adecuado: Enrique Serna. “Eso me dio oportunidad de reflexionar acerca de lo que iba a hacer, cómo y para qué. Me permitió tener otra perspectiva del tema que trataríamos”.

Merecedor del Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2001 y la Medalla Bellas Artes en 2015, entre otros reconocimientos, para Federico Ibarra es difícil precisar los elementos que constituyen su voz de compositor.

Sin embargo, no duda de que la música es la patria de sus obsesiones y fantasmas. Incluso, debió hacerse músico en contra de la voluntad de sus padres, pues consideraban que no era una profesión seria y les preocupaba sobre todo el aspecto económico, por lo que estudió arquitectura, carrera que nunca ejerció.

“Por fortuna, la música me ha permitido vivir todos estos años haciendo lo que quiero, y esto me ha generado enormes satisfacciones. Nunca me he visto en la necesidad de hacer otros trabajos para subsistir, aunque sí he debido manejar la música desde otros puntos de vista, como intérprete, escribiendo acerca de ella, componiendo.”
Otros aportes

El maestro también ha incursionado en la gestión cultural. Por un lado, mediante un fideicomiso que lleva su nombre, constituido en 2011 para preservar y difundir su obra. A la fecha ha producido 12 álbumes e instaurado un premio de composición organizado por la UNAM cada dos años, así como una distinción anual a la mejor tesis de posgrado en la Facultad de Música.

La otra actividad es en Ediciones Mexicanas de Música (EMM), fundada en 1947 por el compositor Rodolfo Halffter, que tras años en el abandono fue rescatada en 2025 por un grupo de creadores musicales del cual él forma parte.

“Con muchos problemas, pero ahí vamos. EMM no ha muerto, al contrario, está recobrando el lugar que tuvo. Se han hecho cosas muy buenas para ponerla al día, en lo que se refiere a todas las irregularidades.”

Uno de los mayores desafíos y satisfacciones para Federico Ibarra es que su obra trascienda y sea atractiva para los músicos de nuevas generaciones. Por eso se siente honrado de que el concierto de este sábado esté a cargo de jóvenes intérpretes. Incluso, celebrará con ellos su cumpleaños: “Será algo sencillo. Al terminar el concierto vamos a hacer un pequeño brindis”.

Para cerrar la plática, adelanta que la UNAM lo celebrará con un concierto en la sala Carlos Chávez, en fecha por anunciar, y que hay planes para otro en el Anfiteatro Simón Bolívar. Sobre llevar a escena alguna de sus óperas, aclara: “eso sí, no. No conozco al actual responsable de la ópera en Bellas Artes. No se han acercado hasta este momento a verme. Entonces, no le puedo decir nada”.

Con información de LA JORNADA

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