Enoc Hernández Cruz
El principal talón de Aquiles del gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar en Chiapas es la crisis de violencia e inseguridad heredada de la administración pasada.
De acuerdo con reportes periodísticos y análisis locales de portales como la silla rota y diario cambio 22, este flagelo se ha convertido en el desafío más grande y crítico para la gobernabilidad del estado.
El mandatario chiapaneco asumió el cargo arrastrando una estela de violencia marcada por desapariciones, secuestros, feminicidios y disputas territoriales del crimen organizado.
Durante la transición gubernamental, los homicidios dolosos mostraron repuntes alarmantes. El propio gobernador ha calificado públicamente la situación delictiva recibida como una “cifra de vergüenza”, reconociendo la gravedad del rezago en seguridad.
Aunque la administración de Ramírez Aguilar, busca implementar proyectos de infraestructura y desarrollo social en regiones históricamente olvidadas como Pantelhó, Chenalhó, Oxchuc o Tila, la viabilidad de la inversión pública y privada sigue estando condicionada a la pacificación y al restablecimiento del Estado de derecho en dichas zonas.
El mensaje del gobernador es claro y contundente para la delincuencia “ los vamos a refundir en la cárcel “.
