Marco Tulio Carrascosa
Durante años buscamos las amenazas culturales fuera de casa. Hoy debemos mirar la sala, el comedor y el dormitorio. La televisión, el celular, la tableta y la computadora pueden ser herramientas extraordinarias, pero entregadas sin límites a un niño se convierten en una puerta abierta a contenidos, algoritmos y personas que no deberían entrar en su infancia.
No propongo regresar al pasado. Propongo recuperar el sentido común. ¿Por qué un niño necesita un teléfono inteligente propio a los seis, siete u ocho años? ¿Por qué algunos padres prefieren entregar una tableta durante horas antes que sentarse a conversar, jugar, leer o simplemente escuchar a sus hijos?
La evidencia obliga a tomar el asunto con seriedad. La OMS recomienda limitar el tiempo sedentario frente a pantallas en menores de cinco años. UNICEF advierte que las tecnologías digitales pueden facilitar el abuso y la explotación sexual infantil; en México, un estudio presentado en 2026 estimó que uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet sufrió explotación o abuso sexual facilitado por tecnología durante un año. No es paranoia: es protección.
Otros países ya están reaccionando. Australia impide desde diciembre de 2025 que menores de 16 años tengan cuentas en plataformas sociales sujetas a la ley. Francia prohibió el uso de teléfonos en escuelas y colegios. Son señales de que la infancia necesita límites, no una conexión.
Por eso sostengo que México debería discutir una ley que establezca una edad mínima —por ejemplo, 11 años— para el uso de smartphones, tabletas y dispositivos conectados, con excepciones educativas, familiares o de seguridad. No se trata de criminalizar a los padres, sino de responsabilizar a plataformas, fabricantes y adultos.
Y hay otra batalla: la cultural. En redes circulan contenidos sobre sexualidad, identidad, ideologías, “terians”, ocultismo y prácticas que muchos padres consideran incompatibles con sus valores. Podemos debatirlos sin convertir a nuestros hijos en campo de experimentación. Incluso el cine merece supervisión familiar: Spider-Man: Brand New Day ha generado conversación por símbolos asociados a lo demoníaco, buscando normalizar inclusive las posesiones diabólicas. Solo basta escuchar un poco acerca de los diálogos en la película y ver algunas escenas para entenderlo.
La Escritura dice: “Instruye al niño en su camino” (Proverbios 22:6). Instruir significa acompañar, formar criterio y poner límites.
El primer filtro de un niño no debe ser un algoritmo. Debe ser su familia.
Eduquemos con responsabilidad a nuestros niños que son el presente y el futuro de nuestra sociedad.
Continuará…✒️
