Augusto Solórzano /ASICh
Todo comienza con niños jugando y bañándose en la Calzada de los Hombres Ilustres, un busto de Don Venustiano Carranza que algo le falta, basura y aguas sucias del Río Sabinal atrás del Jardín Botánico Faustino Miranda González y como siempre la mano destructora del hombre.
Un domingo de familia, una forma de olvidarse de todo hasta de las deudas, caminar, relajarse, ensayar el conocimiento, despertar los recuerdos y volverse niño aunque sea un momento ante la mirada retadora de Don Francisco Villa y el caudillo del sur, Emiliano Zapata.
Los fuertes rayos del sol se esparcen para todos y el griterío de los niños encuentra su mejor expresión con la esperanza verde de los árboles y el recuerdo del libro de la historia que también fue niño.
Las familias sobre todo humildes y otras no tanto, buscan y encuentran un lugar propio para detener la embestida de la crisis y los sinsabores de la semana, para degustar unos frijolitos refritos, tortillas y un pedazo de queso y qué mejor lugar que en el piso dedicado a los Hombres Ilustres.
Y así, como el antes en el Parque Madero donde alguna vez estuvo el Zoológico, hoy llamado ZOOMAT; ahí, donde hoy está el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa, el Museo PaleontologíaEliseo Palacios Aguilera, el Museo Regional donde antes estuvo el Museo de Animales Disecados y las valiosas colecciones de mariposas de Don Miguel Álvarez del Toro.
Ahí, en un antes, ahora y mañana, la concentración es espontánea, familias y personas, gente de todas las edades sin faltar “los amorosos” a los que con tan certera verdad les habla el poeta mayor, Jaime Sabines.
Contagiados por la fuerza de los niños, el respeto de los mayores, el amor de las madres y los sueños de los enamorados, el recorrido de cuatro hectáreas por el Jardín Botánico que lleva el nombre del hispano Faustino Miranda, es una ventura.
A una distancia de cinco minutos del centro de la ciudad, en el oriente norte está todo lo que un ser humano puede necesitar para ver, conocer, sentir, tocar y disfrutar. Una calzada de ilustres hombres de la historia, edificios que concentran la cultura y los descubrimientos y una vegetación pequeña pero envidiable ante los ojos de todos.
El jardín botánico cuenta con personal amable, un poco difícil de encontrar, y luego las Cactáceas, plantas de tallos que retienen las aguas, los espigados cedros, el recordado árbol del caulote, el árbol de guanacaste y el hormiguillo de donde se extrae la madera que canta con voz de mujer.
Un pequeño macizo de bambú, las plantas medicinales como la sábila y el muicle que cura de todo hasta de espanto o los comestibles tales como el nopal y laspitallas, un laboratorio de semillas y en fin ejemplares de Selva alta y baja y hasta una réplica de un triceratops, (dinosaurio de tres cuernos) que vivió en América hace 65 millones de años, inclusive, en el Sur de México.
Lo negativo que aunque poco, todavía seguimos tirando basura sobre la calzada, el jardín merece una “manita de gato”, el vandalismo ha destruido una parte del enmallado y en la parte de atrás el Sabinal lleno de todo tipo de basura y la mirada fija y acusante de una íngrima garza. ASICh
