Carlos Hiram Culebro(*)
La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser un tema de ciencia ficción para convertirse rápidamente en una realidad cotidiana. Hoy está presente en teléfonos celulares, buscadores de internet, sistemas bancarios, automóviles, la medicina e incluso en la salud mental.
La IA puede definirse como el conjunto de sistemas informáticos capaces de realizar tareas que tradicionalmente requerían inteligencia humana, como aprender de la experiencia, reconocer patrones, comprender el lenguaje, resolver problemas, generar textos o imágenes y apoyar la toma de decisiones.
Sus antecedentes se remontan a la década de 1950, cuando Alan Turing planteó la posibilidad de que una máquina pudiera mostrar un comportamiento inteligente. En 1956, John McCarthy acuñó el término “Inteligencia Artificial”. Desde entonces, el desarrollo de algoritmos, el incremento de la capacidad de cómputo y la disponibilidad masiva de datos impulsaron su evolución.
Un algoritmo es una lista de pasos claros y ordenados que sirve para resolver un problema o hacer una tarea. Así, preparar un guisado tiene un inicio (preparar los ingrediente), un proceso paso a paso (el guisado cocinado a determinada temperatura) y un final con el resultado deseado (el alimento listo para comerse).
Entre sus principales ventajas destacan:
1. Mayor rapidez y eficiencia.
2. Reducción de errores humanos.
3. Disponibilidad permanente.
4. Personalización de servicios.
5. Apoyo a la investigación científica.
Entre sus principales desventajas sobresalen:
1. Desplazamiento de algunos empleos.
2. Riesgos para la privacidad.
3. Posibilidad de sesgos.
4. Dependencia tecnológica.
5. Uso indebido para la desinformación.
En la psicología clínica, la IA ayuda a detectar síntomas tempranos, analizar pruebas psicológicas, elaborar historiales clínicos y apoyar el seguimiento terapéutico mediante aplicaciones digitales. Algunas personas le otorgan a la IA la función de fungir como su terapeuta; sin embargo, la empatía, la alianza terapéutica, el juicio ético y la comprensión profunda del sufrimiento humano siguen siendo funciones propias del psicólogo.
Una anécdota del autor de este artículo es que una organización norteamericana le financió varios viajes a la Unión Americana. Para asistir a un curso sobre adicciones en Washington, le dieron información detallada sobre la capacitación, pero no el recorrido que haría. Al pedir información de esa omisión le hicieron saber que los trayectos los decidía un robot. Lo curioso es que si el viaje hubiera sido de Tuxtla Gutiérrez a CdMex, esa máquina tramitó la documentación necesaria para viajar de Tuxtla a Oaxaca, de ahí a Monterrey y en esta última ciudad tomar otro vuelo para trasladarse ai CdMex. Carlos Culebro se pasó todo un día viajando de una ciudad a otra, para arribar a la Capital de la Unión Americana.
En suma, la Inteligencia Artificial representa uno de los mayores avances del siglo XXI. Su desarrollo debe acompañarse de principios éticos, regulación adecuada y supervisión humana.
En psicología, la IA debe entenderse como una herramienta de apoyo que fortalece el trabajo profesional, sin sustituir la dimensión humana de la atención clínica.
(*): Fundador de la Asociación Chiapaneca de Profesionales para la Salud Mental AC
