El 8 de octubre circuló un “Manifiesto a la Nación” del Movimiento Nacional por la Transformación Sindical (MNTS), fechado en la Ciudad de México y lanzado a propósito de la LXI Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional del SNTE. El texto pide un sindicato democrático y representativo, respeto irrestricto a los estatutos, elecciones seccionales en tiempo y forma, y una representación renovada, con rendición de cuentas. Rechaza además lo que llama decisiones tomadas por “consejos a modo” en asuntos que, dice, corresponden a un Congreso Nacional. Cierra con una fórmula conocida: acompañar la transformación del país y exigir, al mismo tiempo, otra en la vida sindical.
Leído con atención, el documento es políticamente hábil. Critica al SNTE sin tocar al gobierno federal, y de hecho se sitúa del lado del proyecto oficial para presentarse como una oposición interna leal. Es un mensaje doble: distancia total frente a la cúpula sindical y cercanía con el poder político. Así, el movimiento marca terreno frente a la dirigencia sin exponerse a que se le lea como adversario del régimen, y eso, en el ambiente actual, vale más que cualquier argumento de fondo.
Las cinco exigencias del manifiesto son, además, difíciles de rechazar en abstracto. Nadie se declara contra la democracia sindical, la rendición de cuentas o el respeto a los estatutos. La imagen del SNTE como “paraguas” donde convivan todas las corrientes es amable y, por lo mismo, poco comprometedora. Donde el texto sí se vuelve específico es en la frase sobre los “consejos a modo” y en la insistencia en las elecciones seccionales en tiempo y forma. Ambas sugieren temor a que el Consejo aplace o reinterprete plazos, aunque el documento nunca dice qué se decidió ni qué se pide revertir. Es una lectura de este espacio, no un dato confirmado.
Hay un detalle formal que no es menor: el manifiesto lo firma solo el movimiento, sin nombre ni contacto. Un documento que reclama transparencia y cercanía con las bases empieza por ocultar a quien habla. Se sabe, por la cobertura previa, que el MNTS lo coordina Ricardo Aguilar, quien ha encabezado la presión pública contra la dirigencia actual del sindicato, y es a él a quien conviene mirar.
Su trayectoria es pública. En septiembre de 2011, Ricardo Aguilar Gordillo tomó posesión como titular de la Secretaría de Educación de Chiapas, procedente de la delegación estatal del Issste, y La Jornada lo describió entonces como integrante del equipo de Elba Esther Gordillo. En 2021, la revista Quién lo presentó como sobrino de la exlideresa y candidato a diputado federal por Redes Sociales Progresistas (RSP), el partido vinculado a la familia Gordillo. Hoy es dirigente de RSP en Chiapas.
El dato pesa sobre el manifiesto. Quien hoy pide un SNTE que “no pueda ser patrimonio de una sola corriente” salió de una de las corrientes que más tiempo dominó el sindicato y encabeza, en Chiapas, un partido ligado a esa misma familia política. Eso no lo descalifica, porque el sindicalismo mexicano está lleno de críticos formados dentro del aparato, pero obliga a leer el llamado a la pluralidad con ese antecedente a la vista. La pregunta legítima no es si tiene derecho a reclamar democracia, sino si está en posición de hacerlo sin explicar su propio recorrido
Sobre su parentesco con Elba Esther Gordillo, su relación con el poder estatal, sus contactos con la disidencia magisterial y la idea que tendría de sí mismo como el hombre capaz de poner fin al conflicto con la CNTE, circulan versiones que este espacio no ha podido documentar. Se exponen aparte, en el recuadro siguiente, para que el lector las distinga de los hechos.
Se dice que Ricardo Aguilar se presentaba como sobrino de Elba Esther Gordillo para ganar presencia política, sin serlo. La revista Quién lo describió como sobrino en 2021, por lo que falta establecer si el parentesco existe y si él mismo lo reivindicó.
Se dice también que ha mantenido contacto con la CNTE; que es cercano al gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar; y que ha buscado dirigir el SNTE y se asume como quien pondría fin a los problemas con la CNTE.
Ninguna de estas afirmaciones se publica como hecho. Requieren documentos, declaraciones públicas o testimonios con nombre. Se abre el derecho de réplica a Ricardo Aguilar.
Conviene decir, por último, qué haría falta para tomarse en serio el manifiesto. Haría falta que el MNTS ponga nombre y firma a su texto, que explique qué se resolvió en la sesión del Consejo y por qué lo considera contrario a los estatutos, y que plantee una exigencia concreta con la que se le pueda medir, como una fecha para las elecciones seccionales o un acuerdo específico por revertir. También haría falta que su coordinador explique, con la misma franqueza que exige al sindicato, de dónde viene y a quién representa.
La prueba del manifiesto no está en su retórica, que es correcta y previsible, sino en lo que viene después. Mientras eso no ocurra, es un texto útil para ubicarse en la disputa sindical, pero insuficiente para creerle al movimiento, y menos aún a quien lo encabeza, sin antes revisar su historia.
