FILIPICAS /Paco Ramírez /EL VERDE Y EL HOMBRE QUE MORENA NO QUIERE

Entre el veto de los duros y el piropo de Velasco, la sucesión de 2030 ya tiene bando
Cuando Manuel Velasco llamó a Omar García Harfuch “el Pedro Infante de la política”, no soltó una ocurrencia de sobremesa. Lo dijo el coordinador de los senadores verdes, exgobernador de Chiapas, con la intención de dejar claro quién ve en el secretario de Seguridad un proyecto presidencial para 2030. Y lo dijo mientras, según Carlos Loret de Mola, los duros de Morena, los que responden al control remoto de López Obrador, mantienen vetado a Harfuch para esa contienda, aunque encabece las encuestas disponibles.
La lectura de Loret es que el desdén viene de lejos: un López Obrador que aceptó a Harfuch como concesión a Claudia Sheinbaum, una frialdad llamativa tras el atentado de 2020 y una candidatura capitalina ganada en la encuesta interna que Harfuch tuvo que ceder por la cuota de género a favor de Clara Brugada. Hoy, sostiene el columnista, el obradorato lo culpa de los expedientes que incomodan a su círculo y de la cooperación con Estados Unidos en plena ola de retiro de visas.
En ese escenario aparece el Verde como el aliado constante. No es un afecto reciente. Desde 2022 Velasco celebraba las encuestas que ponían a Harfuch al frente en la capital y aseguraba que tenía más futuro que pasado. En octubre de 2023, René Vivanco y Jesús Sesma condicionaron la alianza con Morena a que fuera él el candidato, con la advertencia de que el Verde podía ir con abanderado propio. Harfuch no obtuvo la candidatura, pero ganó el Senado por la Ciudad de México con 54.3 por ciento de los votos. El Verde apostó pronto y hoy cobra esa inversión.
Loret añade el dato que da peso político a la fidelidad: en el reparto de candidaturas a gubernaturas, el Verde salió como gran ganador, con Quintana Roo, San Luis Potosí, Nayarit y Baja California Sur. De ser así, el partido tendría presupuesto, territorio y estructura, justo lo que necesita un aspirante sin aparato partidista propio. Súmense los gobernadores y alcaldes que, por cálculo o por gratitud, se acerquen a quien presume la reducción de homicidios que la presidenta usa como bandera.
Queda la pregunta incómoda. Con una oposición externa que no intimida a nadie, el verdadero riesgo para el régimen es el choque interno. Si el Verde construye músculo en torno a Harfuch y Morena lo veta, la sucesión de 2030 no se decidirá frente a un adversario, sino dentro de la casa. Y ahí, más que en las encuestas, se medirá cuánto pesa un piropo como el de Velasco.

Chiapas es, quizá, el mejor ángulo de la columna, porque ahí el Verde no es aliado de Morena sino la matriz del gobierno estatal.

Los datos duros son estos. Eduardo Ramírez gobierna desde el 8 de diciembre de 2024, por seis años y sin reelección. Fue militante del Verde hasta 2018 y secretario general de Gobierno de Velasco, según Infobae e Yahoo Noticias. Yahoo recuerda además que su salida del Verde empezó cuando la alianza PRI-PVEM le negó la candidatura en 2018, ruptura que lo acercó a Morena. Luis Armando Melgar Bravo ocupa desde septiembre de 2024 la primera fórmula verde por Chiapas en el Senado. Infobae y Sin Embargo dan por hecho que el Verde y su cuna chiapaneca son un solo mapa: la propia prensa nacional describe a Chiapas como un estado gobernado por el Verde en los hechos, junto a San Luis Potosí, aunque la siglas del gobernador sean otras.
El contexto nacional pesa. Velasco dijo en septiembre que el Verde no aceptará camisas de fuerza en las dirigencias locales, y Sin Embargo lo describe, junto con Arturo Escobar y Jorge Emilio González, como parte de los líderes que sostienen una rebelión silenciosa contra Morena. A la vez, Velasco asegura que el propósito es ir en alianza en todos los estados en 2027. Infobae reportó el 2 de octubre que el Verde amaga con romper en Nuevo León.
Con eso, el escenario chiapaneco que puedo ofrecerte es análisis, no dato. Ramírez no tiene reelección y su sucesión en 2030 coincide con la presidencial, justo cuando Harfuch necesitaría estructura. Un gobernador de “sangre verde” que le debe su carrera a Velasco, y que hoy encabeza Morena, es el actor que más se juega en un choque entre ambos. Si el Verde se alinea con Harfuch, Chiapas sería la prueba de a quién le responde realmente el gobernador. Eso explicaría que Velasco, pese a la distancia formal, mantenga el estado como su base política y lo quiera como vitrina.

¡Comparte la nota!