Mientras Morena debate públicamente sus cartas femeninas entre la estructura del Congreso, el presupuesto de Hacienda y el asfalto de la Comisión de Caminos, los partidos de oposición juegan al ajedrez de las sombras. En la capital chiapaneca, la alianza opositora (PAN-PRI) y la opción naranja de Movimiento Ciudadano entienden que para enfrentar a la aplanadora guinda necesitarán un perfil sumamente competitivo, de alta penetración en las clases medias y, preferentemente, ciudadano.
Si los bloques de paridad obligan a que la oposición también postule a una mujer en Tuxtla, los reflectores apuntan de inmediato hacia tres vertientes:
La carta de la clase media: el factor PAN
En los pasillos de Acción Nacional se sabe que Tuxtla Gutiérrez posee un histórico voto de castigo urbano que en el pasado los ha favorecido. Por ello, el nombre de Adriana Bustamante o perfiles similares vinculados al empresariado local y activismo civil suenan de inmediato. La estrategia del PAN-PRI en la capital busca repetir la fórmula de candidaturas con fuerte arraigo en el sector empresarial, profesionistas y cámaras de comercio de la ciudad. Su gran fortaleza es que capturan con facilidad el descontento de los sectores acomodados y la clase media trabajadora de la capital; su debilidad es que carecen de la estructura territorial profunda en las colonias populares que hoy ostenta el partido en el poder.
La apuesta ciudadana: Movimiento Ciudadano (MC)
El partido naranja ha mantenido una estrategia de crecimiento sostenido a nivel nacional basada en dos pilares: juventud y perfiles ciudadanos fuera de la política tradicional. En Tuxtla Gutiérrez, los rumores apuntan a que MC busca convencer a activistas de la sociedad civil, líderes de colectivas feministas o empresarias del sector servicios que no carguen con el desgaste de las siglas del PRI o el PAN. Al posicionarse como la “tercera vía”, una candidata mujer cobijada por el partido naranja buscaría arrebatarle a Morena el voto de los jóvenes universitarios (como los de la UNACH) y de los desencantados de la vieja política. El riesgo para ellas es el tiempo; sin una estructura partidista tradicional de tierra, hacer campaña en la capital se vuelve una labor titánica de posicionamiento de marca.
Las “fuerzas especiales” locales
No hay que perder de vista a los partidos con registro local. En Chiapas, la chiquillada política suele jugar un rol de bisagra o de satélite. Si alguna de las precandidatas fuertes de Morena (como María Mandiola o Marcela Castillo) llega a quedar inconforme con el resultado de las encuestas internas del partido oficial, las siglas de la oposición o de los partidos locales estarán listas para ofrecerles la candidatura de inmediato. En la historia política de la capital abundan los casos donde un candidato “despreciado” por el partido en el poder se convierte en el candidato puntero de la oposición en cuestión de semanas.
El apunte del analista
El escenario opositor femenino en Tuxtla aún se encuentra en una etapa de “cálculo frío”. No van a destapar a sus cartas hasta que Morena defina su género y su nombre. Si el partido en el poder postula a un varón (por vía de la reelección), la oposición buscará contrastar lanzando a una mujer de perfil netamente ciudadano. Pero si Morena se decide por una mujer, veremos la contienda de género más reñida e interesante de la que se tenga registro en la historia moderna de la capital de Chiapas. La moneda sigue en el aire y el tablero está más vivo que nunca.
