Expertos crean hormigón más fuerte con un secreto: tus heces

Pocas cosas suenan tan poco glamurosas como mezclar hormigón con residuos humanos. Pero antes de arrugar la nariz conviene mirar la escala del material que se intenta mejorar: cada año el mundo fabrica unos 4.000 millones de toneladas de hormigón, una mezcla de arena, grava, agua y cemento sobre la que está levantado casi todo lo que nos rodea. Y, de todos esos ingredientes, hay uno especialmente problemático: el cemento.

Aunque ocupa una parte relativamente pequeña de la receta, carga con buena parte de su factura climática. Según Popular Mechanics, supone entre el 7 % y el 15 % de una mezcla habitual y, aun así, origina cerca del 88 % del CO₂ ligado a la fabricación del hormigón. Buena parte del problema está en la enorme cantidad de calor que exige transformar la piedra caliza. A escala mundial, el sector del hormigón ronda el 8 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con semejante impacto, científicos de medio mundo buscan desde hace años sustitutos parciales del cemento. Entre las vías exploradas están materiales inspirados en la formación de conchas y corales, además de residuos como los posos de café, la cáscara de arroz o el serrín convertidos en biocarbón.

Heces humanas, un sustituto inesperado
Ahora, un equipo liderado por el ingeniero civil Raghuvesh Tiwari, de la Universidad Manipal de Jaipur, India, junto con la Universidad Tecnológica de Luisiana, Estados Unidos, ha probado con algo que nadie esperaba encontrar en una obra: heces humanas.

De este material no hay escasez. Una guía de la Organización Mundial de la Salud recoge cifras que van desde unos 200 gramos diarios por adulto en China hasta más de 500 gramos en Kenia, con valores intermedios en India, Perú, Uganda y Malasia. La cantidad varía según la población y, aunque se trata de datos históricos, sirven para hacerse una idea de la magnitud del residuo que generan miles de millones de personas.

Para aprovecharlo, los investigadores recurrieron a plantas de tratamiento de lodos fecales, instalaciones que procesan de forma segura residuos procedentes de fosas sépticas y sistemas de saneamiento. En este caso, el material utilizado procedía de Warangal, India.

El proceso para convertir esos lodos en biocarbón consiste en secarlos y luego calentarlos en un ambiente pobre en oxígeno, con temperaturas que rondan entre los 350 y los 450 grados Celsius, hasta carbonizarlos por completo. El resultado se muele y se tamiza hasta obtener un polvo fino, listo para mezclarse con el cemento convencional.

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