Muchas empresas tecnológicas afirman ir contracorriente, pero pocas persiguen una tecnología que haya suscitado un horror tan visceral y generalizado como la que está desarrollando Foundation Future Industries.
Esta empresa emergente, fundada en 2024, compite por crear robots humanoides capaces de automatizar el trabajo en fábricas, construir megaciudades futuristas y —lo que resulta más llamativo— librar las guerras del mañana.
La compañía, cuya valoración se estima por encima de los mil millones de dólares, alberga ambiciones enormes. Sin embargo, su idea central también se enfrenta a una oposición masiva. Tanto la Iglesia Católica como las Naciones Unidas se oponen a las armas autónomas y a los robots armados.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha abogado por que el derecho internacional prohíba los “robots asesinos”.
Durante décadas, la cultura popular —desde Star Wars hasta Terminator— ha advertido sobre un mundo en el que las máquinas tienen la voluntad de acabar con todos nosotros. No obstante, el cofundador de Foundation, Sankaet Pathak, declaró a The Independent que toda esa inquietud en torno a los robots militares es infundada, y que la inteligencia artificial y la robótica están impulsando una nueva revolución industrial capaz de generar abundancia a gran escala.
La carrera armamentista de sistemas autónomos entre Occidente y sus adversarios ya está en marcha; los campos de batalla de Ucrania e Irán, donde se emplean drones, ofrecen un anticipo en tiempo real. Sin embargo, los robots humanoides podrían hacer que la guerra fuera más precisa y causara menos muertes de civiles, al tiempo que salvarían las vidas de los soldados humanos, afirma Pathak.
Adversarios de Estados Unidos, como China y Rusia, están desarrollando humanoides militares y otros conceptos similares —como “perros” robóticos de cuatro patas equipados con armas en el lomo—, por lo que EU necesita capacidad para igualarlos. En su opinión, no se gana nada manteniéndose al margen, y se pierde mucho al no fabricar robots de defensa en el país. “Realmente no entiendo por qué a la gente esto no le parece lógico”, declaró Pathak a The Independent.
Las labores de defensa representan solo una “pequeña parte” de la actividad de Foundation, añadió, pero aun así no comprende la oposición de tanta gente. “Es un absurdo total que en el mundo occidental exista esa especie de enfermedad mental de pensar que un robot humanoide armado con una pistola es algo tan grave como un arma nuclear”, afirmó.
Vínculos con Trump y pruebas a nivel mundial
ImagenFoto tomada de FB de Eric Trump
Foundation, con sede en San Francisco, considera que es la única empresa en Estados Unidos y Europa que trabaja explícitamente en la creación de robots humanoides para fines de defensa. Numerosas empresas líderes en robótica han optado por el camino opuesto; en 2022 firmaron una carta abierta comprometiéndose a no “militarizar” sus creaciones. Anthropic, un gigante de la inteligencia artificial, fue incluido recientemente en una lista negra del Pentágono porque la empresa exigía garantías de que sus sistemas no se utilizarían en armas autónomas capaces de emplear fuerza letal sin intervención humana. (El Pentágono, por su parte, argumentó que el ejército sólo pretendía utilizar la IA para “fines legítimos” y no buscaba desarrollar armas capaces de matar sin autorización humana).
Aun así, la visión de Foundation —robots de defensa que algún día podrían emplear la fuerza si cuentan con la autorización de sus mandos humanos— ha encontrado una audiencia receptiva e influyente en la era de Trump.
La empresa no quiso confirmar el valor exacto de sus contratos con el ejército estadunidense, pero, según informes, cuenta con acuerdos relacionados con la defensa valorados en unos 24 millones de dólares para probar sus modelos en la mayoría de las ramas de las fuerzas armadas.
También cuenta con una inversión de Eric Trump, hijo del presidente, quien ejerce como asesor de la compañía. Foundation se negó a revelar la cuantía de la inversión de Eric Trump y afirmó que este no recibe remuneración alguna por parte de la empresa. “Eric mantiene una estricta separación entre sus asuntos privados y el gobierno”, declaró un portavoz de Eric Trump a The Independent. “Él cree que la robótica representa el futuro y se enorgullece de apoyar grandes tecnologías estadounidenses, incluida Foundation, que tiene un porvenir increíblemente prometedor. Eric no desempeña ningún papel en la dirección ni participa en absoluto en la toma de decisiones sobre las operaciones cotidianas”.
Tanto Foundation como la Casa Blanca negaron rotundamente que la participación de Eric Trump haya otorgado a la empresa alguna ventaja injusta. La empresa emergente afirma estar en conversaciones con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para desplegar sus robots en tareas de patrullaje a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.
The Independent se ha puesto en contacto con el DHS para solicitar comentarios al respecto. A principios de este año, surgieron informes de que Foundation buscaba recaudar hasta 500 millones de dólares de nuevos inversores, con una valoración de la empresa de unos 3 mil millones de dólares.
Conozca a Phantom: su nuevo compañero robot de trabajo y de armas
El producto estrella de la empresa es Phantom, un robot humanoide de diseño elegante y color negro integral, con una altura aproximada de 1,80 metros (seis pies) y capacidad para transportar cerca de 40 kilogramos (90 libras). Percibe el entorno mediante inteligencia artificial y un conjunto de cámaras instalado en la cabeza, que captura datos abarcando un campo de visión completo de 360 grados.
El robot puede operar utilizando inteligencia artificial integrada o ser pilotado a distancia por un humano. Actualmente se está desarrollando un modelo Phantom de segunda generación, más potente, que se presentará a finales de este año. La empresa no quiso revelar a The Independent los nombres de sus clientes comerciales, pero, según se informa, los robots Phantom se están probando en entornos industriales y logísticos que van desde Atlanta (Georgia) hasta Singapur.
El año pasado, los robots Phantom contribuyeron a la fabricación de más de 24 mil automóviles, según datos de Reuters.
Estas aplicaciones industriales podrían representar una línea de negocio prometedora para Foundation, pero son los planes militares de la empresa los que han atraído la mayor atención.
En opinión de Foundation, los robots humanoides serían más precisos que muchas de las tecnologías militares actuales. Podrían cumplir los mismos objetivos que los ataques con bombas guiadas o las misiones humanas de reconocimiento de edificios, pero con un menor riesgo para los soldados y la población civil.
“Hasta la fecha, nadie nos ha pedido que los armemos”, declaró Pathak al referirse a los vínculos militares de su empresa.
En su lugar, la compañía se ha centrado en realizar pruebas para tareas logísticas de defensa, como el transporte de carga. Foundation también trabaja en aplicaciones que permitirían a sus robots llevar a cabo labores de reconocimiento, como inspeccionar el interior de un edificio y mapear su distribución antes de que entren los soldados. Esto no significa que Pathak se oponga a armar el modelo Phantom. Ni mucho menos.
“Si mañana el ejército [de EU] nos dijera: ‘Oigan, necesitamos estos humanoides equipados con armas’, eso indicaría casi con total seguridad que buscan una mayor precisión; y nosotros preferiríamos colaborar en ello antes que no hacerlo”, añadió.
Una “carrera armamentista” de robots
Verity Coyle, subdirectora de la División de Crisis, Conflictos y Armamento de Human Rights Watch, declaró a The Independent que la robótica humanoide ofrece un potencial positivo en entornos militares, por ejemplo, en misiones humanitarias durante conflictos armados. Sin embargo, las grandes empresas tecnológicas y sus socios gubernamentales —como Estados Unidos— han adoptado hasta ahora un enfoque típico de Silicon Valley: “actuar con rapidez y romper cosas”.
Según Coyle, esta estrategia conlleva el riesgo de provocar “efectos catastróficos” si no se establecen las salvaguardias legales adecuadas.
Los riesgos son numerosos. La tecnología tiende a generalizarse, a volverse más fácil de fabricar y más difícil de regular a medida que madura. Basta con observar los drones: pasaron de ser equipos militares costosos y de alto secreto a máquinas que pueden imprimirse en 3D en casa o comprarse en el mercado por unos pocos cientos de dólares.
Las armas autónomas, que dependen de un software de inteligencia artificial imperfecto, también podrían cometer errores y seleccionar objetivos equivocados, eludiendo al mismo tiempo los mecanismos de rendición de cuentas a los que está sujeto el personal militar.
En el campo de batalla de Ucrania, es frecuente que los drones sufran interferencias electrónicas y pierdan la conexión con sus operadores. Los soldados robóticos podrían acelerar aún más el ritmo y el caos de la guerra, aumentando la probabilidad de errores y dejando a los civiles con menos tiempo para ponerse a salvo.
“No creo que una carrera armamentista haya beneficiado nunca especialmente a la población civil”, afirmó Coyle.
Pathak declaró a The Independent que la prioridad de la empresa es la “navegación autónoma y la manipulación de materiales», entrenando a sus robots para que «traten a los seres humanos como elementos de su entorno, desplazándose a su alrededor en lugar de identificarlos como objetivos”.
Independientemente del entrenamiento, los sistemas autónomos no siempre obedecen a sus creadores, tal como señaló Coyle.
Recientemente, OpenAI alarmó a los observadores del sector tecnológico al revelar que un grupo de sus modelos de IA se salió de sus límites durante una prueba y decidió hackear a otra empresa.
La legislación vigente sobre derechos humanos sigue aplicándose a las nuevas tecnologías; sin embargo, la regulación de las armas autónomas está aún en pañales en comparación con la de las armas nucleares y biológicas, a pesar de que la tecnología para fabricar robots asesinos avanza rápidamente.
“Existe un beneficio real en que los Estados no trabajen de forma aislada, ya que las consecuencias podrían tener un alcance enorme para todos nosotros”, añadió Coyle.
También existe un trasfondo de inquietud ética más profundo en torno a la matanza mecanizada.
Joe Costa, exalto funcionario del Pentágono y director del programa”*Forward Defense” en el Centro Scowcroft de Estrategia y Seguridad del Atlantic Council, advirtió sobre un futuro en el que los soldados robóticos resten peso moral y político a la guerra misma.
La guerra de Ucrania ya presenta amplias zonas de conflicto protagonizado mayoritariamente por drones que se enfrentan entre sí, y es posible que en el futuro veamos enfrentamientos entre robots humanoides. “En un mundo con robots humanoides, no es necesario enviar a un ser humano al campo de batalla”, declaró a The Independent.
“Esto implica, muy probablemente, que un grupo de robots podría invadir un país o una ciudad con un menor coste político para la nación”. ¿Un futuro de “batallas de droides” y megaciudades… y un levantamiento populista? Este es el tipo de conflicto para el que se prepara Foundation.
Sus directivos han hablado de un futuro de “batallas de droides”, en el que la guerra se transforma en una contienda industrial más que humana. En consonancia con esta visión futurista propia de la ciencia ficción, la empresa toma su nombre de las clásicas novelas de la saga Fundación (Foundation), del escritor Isaac Asimov.
La serie, enormemente popular entre fundadores de empresas tecnológicas —incluido Elon Musk—, narra la historia de un matemático genial que predice con exactitud el colapso de la civilización y pone en marcha un plan para fomentar el avance del conocimiento científico a lo largo de los siglos en los confines del universo.
Pathak quiere canalizar los beneficios de la empresa hacia una visión similar de alcance generacional: la creación de megaciudades ecológicas construidas por robots que se asemejen a “Alderaan”, el pintoresco planeta de alta tecnología de Star Wars. La eficiencia económica de la IA y la robótica permitiría ofrecer a los residentes “una vivienda excelente, prácticamente gratis”, afirmó.
Él espera que estos asentamientos formen parte de una transición hacia una civilización de ciudades-estado de alta tecnología, poslaborales y de corte vagamente libertario, donde “haya menos gobiernos de gran tamaño”.
Los seres humanos serían libres de dedicarse a la exploración o al arte, mientras las máquinas realizan las tareas peligrosas y monótonas. Esta visión —que combina el dominio militar de alta tecnología, ideales inspirados en los logros grecorromanos y ciertos matices de política conservadora— goza de una popularidad creciente entre la élite de las grandes empresas tecnológicas y en la Casa Blanca.
La administración Trump ha firmado contratos con empresas de defensa de Silicon Valley mientras promueve un nuevo “espíritu guerrero” para el Pentágono y una vuelta a los monumentos clásicos con columnas en Washington.
Inversores de derecha han estado destinando millones a Praxis, una autodenominada “nación digital” que pretende construir una ciudad de tecnología de defensa dentro de la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, para “restaurar Occidente”.
Otra iniciativa de gran envergadura busca levantar una nueva ciudad llamada California Forever en las afueras de San Francisco, articulada en torno a un centro de construcción naval militar. Foundation encaja perfectamente en este contexto. Uno de sus fundadores es un ex infante de marina que escribió un libro titulado What If Anger Is the Answer? (¿Y si la ira fuera la respuesta?), en el que sostiene que la cultura moderna ve la fortaleza con demasiada sospecha. A Pathak le preocupa un tipo diferente de guerra cultural. Teme que el creciente rechazo al sector tecnológico —con sus propuestas de impuestos a los multimillonarios y el temor a que los trabajadores se conviertan en una “clase baja permanente” debido a la IA— pueda desencadenar un “motín populista”. “Sería algo terrible”, afirmó.
“Creo que, a largo plazo, perjudicaría a más personas de las que ayudaría, y considero que es un riesgo real”. En este futuro, la próxima guerra podría no ser de hombre contra hombre, sino de horcas contra soldados robóticos.
Con información de EL LA JORNADA
