El balance del cierre de Curso de Verano 2026

-El corazón de la Secretaría está en Servicios Culturales

Paco Ramírez

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.— Con el salón múltiples de Servicios Culturales lleno de familias, la Secretaría de Educación del Estado de Chiapas realizó el cierre del curso de verano 2026, un evento en el que niñas y niños de distintos talleres —guitarra, danza folclórica, dibujo y teatro— subieron al escenario para mostrar el resultado de semanas de trabajo, ante un público de madres, padres y familiares.
El cierre reunió a decenas de estudiantes que, durante las vacaciones, participaron en actividades formativas impulsadas por la Coordinación de Programas Especiales y Compensatorios (Copeico), a cargo de Adriana Guadalupe Solís Jiménez, quien en entrevista previa al evento explicó el propósito detrás de este tipo de programas.
“Al gobierno le preocupa el estado emocional de niñas, niños y de sus padres”, afirmó la funcionaria, quien sostuvo que actividades como la música, el baile y el dibujo no deben entenderse como espacios de entretenimiento vacacional, sino como herramientas para que la niñez exprese lo que no siempre logra decir con palabras. Un trazo infantil, señaló, puede revelar tristeza, alegría o miedo con mayor claridad que un examen escrito.
La funcionaria explicó que la matrícula en estas actividades formativas creció este ciclo respecto al año anterior, resultado, dijo, de un trabajo más cercano con madres y padres de familia para sensibilizarlos sobre la importancia de estos espacios en el desarrollo emocional de sus hijos.


El balance de Servicios Culturales
El jefe del Departamento de Servicios Culturales, Eduardo González Lugardo, ofreció durante el acto de clausura un balance que combinó cifras, método de trabajo y una meta ambiciosa para el próximo ciclo. Según relató, la edición de este año superó los cien niños inscritos, frente a los “cincuenta o sesenta” del curso anterior, un crecimiento que atribuyó a un cambio de estrategia: este año se dio a la tarea de llamar personalmente a algunos padres de familia y de invitarlos a su oficina para conocer de viva voz su experiencia con el curso y su percepción sobre el costo de los talleres.
Contó que la respuesta mayoritaria fue de satisfacción —”lo vimos accesible”, le decían los propios padres—, además de recibir sugerencias puntuales que ya se están tomando en cuenta para mejorar la organización de horarios y talleres en la siguiente edición. Presentó este acercamiento directo con las familias como el sello distintivo de esta edición del curso de verano.
El funcionario reconoció también al equipo administrativo y docente del departamento, subrayando que el crecimiento del programa es mérito de un “gran equipo de trabajo” que, dijo, lleva alrededor de un año preparando esta edición. Cerró su intervención con dos frases que aseguró haber repetido a los maestros a lo largo del curso: que el objetivo era lograr que niñas, niños y alumnos “quisieran regresar al siguiente día”, y una reflexión personal con la que despidió el acto: que “el corazón de la Secretaría de Educación está en el Departamento de Servicios Culturales”.
Antes de concluir, González Lugardo fijó una meta para 2027: superar los doscientos niños inscritos, el doble de la cifra alcanzada este año, una ambición que refleja la confianza del equipo en el modelo de cercanía con las familias que han venido consolidando.

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