PITA LADDAGA
El juego es la actividad primordial del niño
Hasta hace muy poco se creía que jugar era un simple entretenimiento, un descanso del estudio o de otras actividades más serias. Sin embargo, en la actualidad, todos aquellos que se dedican a la educación reconocen la enorme y vital importancia del juego para el niño.
El niño juega por una necesidad interna
Nadie tiene que enseñarle a jugar. El juego es la manera más natural de utilizar sus capacidades, de manifestar su impulso natural de explorar, descubrir y crear. El juego es indispensable para asegurar el pleno desarrollo del niño pues todas las áreas de su personalidad están involucradas por esta actividad.
El juego ofrece al niño oportunidad de utilizar y descubrir su cuerpo
Al jugar, el niño practica habilidades motoras y se pone a prueba así mismo. El buen control de su cuerpo hace que el niño se sienta pleno, autónomo y satisfecho. Cuando hace ruido con una sonaja, pasa agua de un recipiente a otro, logra treparse a un árbol, adquiere la sensación de que actuar es importante, de que él tiene el control de lo que sucede.
A través del juego el pequeño aprende casi todo, el juego es su primer maestro. Al jugar, el niño investiga activamente su medio ambiente. Cuando maneja y observa los objetos, prueba sus ideas para comprender el mundo, construye su pensamiento y desarrolla su inteligencia. Los juegos del niño muestran la manera como ve y entiende lo que sucede a su alrededor: cómo se mueven las arañas, como vuelan los aviones, como se trabaja en una fábrica, como crecen las plantas, qué pasa con el agua y la tierra cuando se mezclan.
El juego es la mejor manera de aprender a relacionarse con los demás.
Desde muy pequeño, el bebé empieza a interactuar con otros niños, pero a partir de los tres años aumenta su interés por jugar con ellos. Sus proyectos de juego se vuelven más complejos y requieren de más participantes. Jugar a la casita, al circo, al doctor o a la maestra le permiten ensayar papeles de la vida adulta y al mismo tiempo desarrollar un sin fin de capacidades. Su lenguaje se enriquece ante la necesidad de comunicarse mejor.
Ningún niño puede disfrutar de una vida social adecuada a menos que haya adquirido la habilidad de jugar con otros niños. Esta habilidad comienza a desarrollarse en casa. Los juegos en familia resultan estimulantes para el niño durante muchos años. Por eso, jugar con nuestro hijo es una de las actividades mas importantes que podemos realizar. También una de las más divertidas.
Jugando el niño empieza a pensar y a imaginar
A partir de preescolar y gracias al desarrollo del lenguaje, el niño no solo percibe lo que está frente a él sino que puede representar los objetos “en su cabeza”
La fantasía del niño preescolar habita su vida diaria. Para él , una cajita es un camión, una lata amarrada con una cuerda es un perro que lo sigue.
Este juego en que el niño se imagina cosas se llama juego simbólico
Jugando, el pequeño tiene oportunidad de conocer y explorar el mundo más allá de su casa y de su comunidad. El niño en edad preescolar ya no se conforma con manejar los objetos con las manos o llevárselos a la boca como cuando era chiquito, sino que pone en las cosas con que juega una parte de sí mismo, su imaginación.
La fantasía le da al niño el poder de crear mundos imaginarios y de expresar sus ideas sobre el mundo como él lo entiende o como le gustaría que fuera. Al jugar, sabe que es él mismo quien ha creado ese mundo en su imaginación. Cuando cree que no entendemos que sus personajes son inventados, nos dice para tranquilizarnos “es un juego” y se ríe.
Su imaginación no lo aleja de la realidad, sino lo conecta con ella
Imaginar es una forma muy importante de conocer. Pero el niño necesita alimentar su fantasía con experiencias reales, de personas diferentes, de pláticas y de paisajes.
Para ayudarle a pensar, a imaginar y a jugar mejor, es importante enriquecer su experiencia social, dejar que nos acompañe al mercado, al campo, al trabajo, a alguna visita. Ahí aparecerán preguntas y temas interesantes para utilizar en el juego: como funcionan los camiones, de dónde viene la lana, de que están hechos los dulces, por qué se hecha abono a la tierra, etc.
El niño juega porque sabe que no puede dominar a su gusto el mundo de los adultos
El niño se retira a jugar a otro espacio en el que él tiene el poder, en el que las cosas son como él decide. Un espacio en el que él puede ser grande y fuerte, en el que se convierte en elefante, cartero ó príncipe, en el que todo es posible. El juego de fantasía es una actividad libre y flexible en la que no existen metas ni normas preestablecidas. El niño simplemente prueba sus ideas una y otra vez y se divierte mientras encuentra lo que busca. Es él mismo quien dicta las reglas y tiene la libertad de cambiarlas en cualquier momento. No existe una manera correcta ó incorrecta de jugar.
Otra ventaja del juego simbólico es que permite al niño expresar sus sentimientos
Si está enojado, pelea con enemigos imaginarios; si su hermano está enfermo, juega al doctor y en su fantasía lo alivia; si necesita ser acariciado, arrulla a su osito. Brincar y correr le ayuda a mostrar su alegría; jugar a las luchas descarga la angustia de haber presenciado un hecho violento.
Cuando nos ha pasado algo grave, los adultos necesitamos platicarlo varias veces. El niño pequeño no lo habla pero sí lo juega y lo representa con acciones.
Es muy importante permitir estos juegos para que el niño pueda dejar atrás lo que lo hace sentir triste o asustado. Ésta es la etapa en que un muñeco de trapo o una cobijita le dan al niño seguridad y consuelo cuando se siente mal. Acomodar a su muñeco junto a él al irse a dormir y darle órdenes de cómo comportarse lo hace sentir que es él quien domina la situación.
El niño necesita ser activo en lo que pasa y en lo que siente, y la mejor manera de ser activo, es jugar.
El juego es esencial para la supervivencia de la especie humana, merece un lugar de honor no sólo en la vida del niño sino en la de nosotros.
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