Mara Isabel López
LO QUE VEMOS EN TV.
El pasado Jueves me llamó mucho la atención una noticia que hacía referencia a la versión australiana de Big Brothar, en donde como parte de un concurso que nombraron “noche bohemi mexicana” ponían a dos sujetos vestidos de charros a cierta distancia de una pared donde habían otros dos, tratando de impedir que los primeros mancharan con globos llenos de frijoles la bandera mexicana.
si bien es cierto que como mexicanos a los que desde jardín de niños nos enseñaron que los lábaros patrios son objeto de respeto debemos indignarnos y molestarnos porque nuestra identidad como país está siendo objeto de burla para un grupo de ignorantes que sólo pretenden vender un mal programa a otra bola de ignorantes aún más grandes; como sociedad debemos preocuparnos porque la televisión mexicana no está lejos de producir un sinnúmero de programas sin ninguna clase de contenido cultural.
Y no es que pretenda que en televisión abierta transmitan únicamente óperas o recitales de ballet, porque es obvio que nuestro nivel cultural no da para tanto aunque para quienes disfrutan de éstos espectáculos existe un canal (mexicano) que cada fin de semana los programa; pero sí se trata de producir programas de mayor calidad y no solo de vender por vender, aunque estoy consciente que ese es el negocio.
No es posible que el “boom” televisivo sean los programas de chismes, o reallities estilo big brother que ni siquiera son reflejo de la vida real de los participantes y por supuesto, no es posible que, hablando de la televisión australiana, se permita hacer mofa de un país poniendo en riesgo incluso las relaciones internacionales.
Bueno, esto último si no fuera aún más indignante la apatía de la canciller mexicana, ya que cuando se le cuestionó qué opinión le guardaba el video, que también circula por internet, ésta se limitó a dar media vuelta en lugar de decir que se exigiría una explicación por lo menos y ya en el mejor de los casos la retirada del aire de la emisión, que con ello no privariamos de mayor muestra de arte a la humanidad.
Lo que sí hay que aclarar es que esto no tiene absolutamente nada que ver con la libertad de expresión, que es el derecho a decir lo que se piensa y que también constitucionalmente tiene sus limitantes, como lo es el respeto a la moral y a la vida privada de las personas. En casos como el de este programa no puede hablarse de coartar este derecho con imponer alguna medida de apremio pues no se emitió una opinión y pretender dejar pasar por alto una ofensa de este tipo significaría traspasar la delgada línea de la libertad y el libertinaje.
Pero en México, el problema con la televisión no es sólo cuestión de que se use el “wey” como muletilla, o que el conductor de la gorrita con tic nervioso atente contra su propia seguridad lanzandose de las escaleras en un contenedor de basura, o que el programa de mayor raiting por las tardes sean las “taranovelas” (que por cierto, ya ni de producciones originales podemos presumir) o “La Oreja”.
El problema es el impacto que tienen todos estos programas sobre los niños y jóvenes que creen todo lo que ahí se dice y que hacen de gente imperfecta (como todos) sus ídolos de la infancia. Es así que encontramos que cada vez más las niñas de menor edad quieren verse como las de “RBD” y se ponen ombligueras y micro minifaldas a los cinco años y dejan de vivir las etapas que corresponden a su edad.
Nos topamos con chamacas que en pleno desarrollo dejan de comer por semanas con tal de verse igual de espiritifláuticas que Anahí y ahí comienza el grave problema de salud pública que constituyen los desordenes alimenticios y que preocupantemente hace víctimas a niñas cada vez más pequeñas.
Pero claro, muchas veces es más cómodo como padres el dejar que sea la televisión la que entretenga al escuincle cuando ya sacó suficientes canas verdes en lugar de encontrarle alguna actividad que contribuya a desarrollar sus habilidades, es entonces cuando la tv pasa a ser la única guía con la que cuentan los niños, lo qe resulta aún más peligroso cuando los padres no tienen ni idea de lo que sus hijos ven en ella.
Sabemos que para que dejen de transmitirse esos programas sin contenido o para que las imágenes que afecten a las personas más vulnerables que son los niños y adolescentes dejen de pasar en horario familiar necesitaríamos que más de la mitad de la población mantuviera la televisión apagada, pues el hecho de que nos vendan toda esa basura es porqeu, por una u otra razón la compramos, pero por lo menos podemos hacer conciencia de lo que vemos en la tv y procurar que, por lo menos en nuestras casas, deje de ser este artefacto el que “eduque” a las nuevas generaciones.
LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ. Aproximadamente una semana antes de que “Bárbara” azotara la región, me llamó la atención un pequeño anuncio que se encontraba instalado estratégicamente a un costado del paso peatonal que acaban de construir frente a la FIT.
Algunos tratarán de hacer memoria, pero por eso dije que estaba estratégicamente instalado, porque como que querían que sí se viera pero a la vez como que no ¿Si me entienden verdad? Y es que se trataba de un pequeño recuadro que mandó a poner el flamante Ayuntamiento de Tapachula presumiéndonos cuánto costó el topezote… nada más y nada menos que la módica cantidad de ¡¡TRESCIENTOS MIL PESOS!! centavos más, centavos menos.
Resulta que el bendito muro de contención que nomás sirve para arruinar vehículos, porque como siempre los peatones no tenemos la costumbre de utilizarlos, costó más que una casa de interés social y es aún más ridículo que todavía tengan el descaro de poner su letrerote advirtiéndonos que nos están robando.
Claro está que la famosa Tía Cleta también tiene su teoría y cuando le platiqué el hallazgo, lo único que atinó a decirme fue que estaba siendo muy injusta con nuestras autoridades, porque realmente se trataba de un atractivo turístico… ¡Sí! Los turistas pagan miles de dólares en cruceros sólo para venir a Tapachula a conocer el tope más caro del mundo.
Lo que es cierto es que, mientras a unos “Bárbara” les causó perjuicios a otros, como a los Obras Públicas municipal, les hizo el favor de borrar la evidencia del descaro y el cinismo.
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