Las palabras brotaban y se expandían en un hermoso florilegio de prosa y poesía en la sede de nuestra ilustre Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG, auspiciada por la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, tal ocurría en la ceremonia del VII Festival Internacional la Mujer en las Letras, que aplaudimos porque, es mucho más que un encuentro literario, como lo expresó su creadora e impulsora, la poetisa de fama internacional, Beatriz Saavaedra Gastelum, porque precisamente “celebramos la presencia de las mujeres en la palabra, en la cultura y en la historia, al agregar que “este festival nace de una convicción profunda, “ya cada mujer que escribe transforma el silencio en presencia y convierte su experiencia en memoria compartida.
“Porque no hay peor agonía, agregó, que llevar con nosotros una historia que no ha sido contada, al sentenciar que “durante siglos, muchas mujeres llevaron consigo historias que no pudieron contar. Fueron protagonistas de sus vidas, pero permanecieron ausentes de los relatos oficiales. Escribir significó para ellas recuperar una voz, nombrar aquello que había sido silenciado y dejar constancia de una existencia que merecía ser escuchada”.
“Por ello cobra especial significado, agregó, la afirmación de Elena Poniatowska: ‘Las mujeres son las grandes olvidadas de la historia. Los libros son la mejor manera de rendirles homenaje’ La literatura es también una forma de justicia. Cuando una mujer escribe, no sólo construye una obra: construye un lugar desde donde otras mujeres pueden reconocerse”.
En esa línea de sabiduría -agregó la gran amiga Beatriz-, desde Sor Juana Inés de la Cruz, quien en su momento afirmó: ‘No estudio por saber más, sino por ignorar menos’, la palabra de las mujeres ha sido también una conquista del conocimiento, donde, estudiar, pensar y escribir eran actos de libertad. Su voz abrió una de las primeras grandes puertas para las mujeres dentro de la cultura hispanoamericana y continúa recordándonos que el pensamiento no tiene género y que el conocimiento es una forma de emancipación.
Me llega a la mente, continuó, también la frase de Arendt: ‘No existen pensamientos peligrosos por la sencilla razón de que el pensamiento en sí mismo es ya una empresa peligrosa’ y quizás tenga razón, siempre el pensamiento es peligroso, más aún para las mujeres.
Irene Vallejo piensa, recordó, que: ‘Toda biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad’. En ese viaje se encuentran las escritoras de ayer y de hoy: distintas generaciones, geografías, lenguas y experiencias unidas por el deseo de contar. Los libros nos permiten atravesar fronteras, dialogar con quienes ya no están y reconocer en otras mujeres aquello que también forma parte de nuestra propia historia.
Pero escribir también implica transformar y transformarse porque las palabras son nuestra fuente más grande de sortilegio, capaces de dañar y recuperar a alguien. La palabra literaria puede abrir heridas, pero también puede nombrarlas para comenzar a cerrarlas. Puede denunciar la injusticia, recuperar la memoria, cuestionar los prejuicios y crear nuevas posibilidades de existencia.
El VII Festival Internacional La Mujer en las Letras es, por ello, un espacio de memoria y de futuro. Aquí las mujeres no llegan solamente para ser escuchadas: llegan para dialogar, para crear, para cuestionar y para dejar huella.
Pienso que escribir es existir en la historia, es participar en la memoria colectiva, ‘Porque las obras maestras no son realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento común, de modo que a través de la voz individual habla la experiencia de la masa’ escribió Virginia Wolf, entonces al hablar cada una de nosotras habla la experiencia de todas. Cada mujer que toma la palabra, que tiene una voz, es un universo que ensancha el espacio de todas las que vendrán después.
Hoy quiero remarcar esa palabra plural, libre y creadora; primordial en este VII Festival, esa palabra que cruza fronteras y generaciones, y agradecer a cada una de las más de mil participantes, en tantas partes del mundo y en tantas lenguas diferentes esta hermosa oportunidad de seguir transformando la historia, de seguir reconstruyendo la memoria individual y colectiva”.
Quiero terminar, concluyó, con esta frase de Virginia Woolf: ‘La verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial’. Entonces, quiero preguntar: ¿porque escribimos las mujeres? Sí, Eso quiero preguntar a cada una de las participantes en el festival, ¿Por qué escribimos las mujeres? Comenzaré yo, en mi caso, yo escribo porque la palabra para mí: Es un río interminable/ que pasa sobre el cristal oscurecido del mundo/ mientras afuera sigue floreciendo la primavera/ y nosotros sostenemos sobre las manos al espíritu necio/ que contiene al universo y sus deseos.
Congratulaciones a las recipiendarias de los galardones de la noche del florilegio de la palabra hechas poesía y prosa: Adriana Hernández, Alicia Albornoz, Ivana Von Retteg, Irma Isela Cipres, Bertha Bardales, Claudia Solís, Nadima Simón, Elena Toxtle, Angélica Gómez, Julia Astrid Suárez y la pintora Gloria Jiménez Gastélum, que habla en su obra pictórica.
