No es nada nuevo, ante los resultados negativos a Trump y a su camarilla en todas las encuestas rumbo a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre próximo, el presidente de Estados Unidos para revertir esa tendencia arremetió en la tribuna de la 81 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, contra América Latina y contra México. Nada nuevo, ya lo había denunciado, una y otra vez la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo.
Sin medir consecuencias y en un alarde de poder, Donald Trump en su intervención ante la Asamblea General de la ONU, hizo una clara advertencia de lo que considera su área geopolítica en toda América Latina, al advertir que Washington responderá con músculo militar a cualquier escenario que comprometa la estabilidad o los intereses de la superpotencia.
Ante la utopía de algunos analistas de que la Doctrina Monroe pertenecía al pasado: “América es para los norteamericanos”, es de recordarse que la misma es una política exterior de Estados Unidos enunciada en 1823 que rechazaba la intervención y el colonialismo europeo en el continente americano bajo el principio de América para los americanos, qué fue en su origen, presentada por el presidente estadounidense James Monroe ante el Congreso el 2 de diciembre de 1823 y que precisaba que cualquier intento de las potencias europeas por colonizar o intervenir en el hemisferio occidental se consideraría un acto hostil contra Estados Unidos.
Desde entonces hasta la fecha, la realidad, la verdadera Doctrina Monroe es América para los norteamericanos, ahora quedó más que comprobado, cuando sin recato alguno, Donal Trump desde la tribuna de la ONU, no dudó en reafirmar la vigencia de la Doctrina Monroe, situando de nuevo a América Latina bajo la órbita de influencia directa de Washington.
“Estados Unidos, espetó, ya no dejará que las amenazas prosperen en ninguna parte de la región. Si la situación lo exige, amenazó, aplicaremos nuestra fuerza militar sin parangón para resguardar el país”, subrayó durante su alocución.
Durante su intervención, presumió el viraje forzado en Venezuela como prueba de la determinación de su Gobierno y ratificó su compromiso de extremar la asfixia financiera contra Cuba hasta lograr el colapso definitivo del sistema revolucionario.
Exacto, Trump presentó las recientes maniobras en Venezuela como la prueba del nuevo rumbo en el continente, alardeando de la operación militar que terminó con la detención de Nicolás Maduro, a quien tachó en su discurso de “dictador y criminal”, ante la presencia de la mandataria interina, Delcy Rodríguez.
Asimismo, el presidente celebró el histórico acuerdo energético suscrito semanas atrás con el nuevo Gobierno venezolano, reivindicando con dureza el beneficio obtenido por Estados Unidos: “Al vencedor le pertenecen los despojos”.
En su embestida contra el Gobierno cubano, Trump garantizó que mantendrá la asfixia económica sobre la isla hasta forzar su colapso. “Está bajo la presión más feroz que haya conocido jamás. Caerá”, proclamó justo antes de que la delegación del país caribeño abandonara la sala en señal de repulsa.
Tras augurar que “la libertad llegará a Cuba” mientras “el comunismo nunca llegará a Estados Unidos”, el presidente dirigió sus dardos hacia la política doméstica, acusando a La Habana de tejer alianzas durante décadas con la izquierda radical estadounidense, citando explícitamente a grupos como Antifa y a los Socialistas Democráticos de América, formación del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
Y finalmente se lanzó contra México. En su arrogante discurso machacó sobre la crisis del narcotráfico, sin tomar en cuenta que al mayor mercado de las drogas se hallá en su propio país y se protege a los varones de la droga y la libre venta de las armas que les da poder de fuego a los cárteles.
No obstante que reconoció, en su burda alocución, la buena sintonía con la presidenta Claudia Sheinbaum, Trump tildó al país de “epicentro” del crimen organizado y consideró “inaceptable” la vulnerabilidad de una frontera de 2.000 millas, unos 3.200 kilómetros, con un territorio controlado por cárteles enemigos. Pero de adentro de su territorio, de la distribución y venta de la droga más grande del mundo, simplemente calló.
Y en esa misma línea, el magnate reafirmó la designación de los cárteles como organizaciones terroristas adoptada el pasado año, y reclamó que sus integrantes reciban el trato propio de un conflicto bélico, abogando formalmente por la “ejecución, exilio o captura” de sus combatientes.
EN UNA ÚLTIMA Y VIL ESTRATEGIA, PARA REVERTIR EL RECHAZO DE LOS ELECTORES QUE LO UBICAN APENAS CON UN 33 POR CIENTO DE APROBACIÓN, TRUMP AMENAZA EN LA ONU A LATINOAMÉRICA Y A MÉXICO.
