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Alfonso Carbonell

Insomnio

Este miércoles pasado, me fui muy temprano a la cama qué será, las 10:30 p.m., para disponerme a ver las noticias además de que me sentía agotado. Ah, motivo de que estoy levantándome temprano (¡seis de la madrugada!) dizque para hacer ejercicio que se reduce a una caminata y un abrir- cerrar de manos. Lo comento porque soy noctámbulo empedernido; bueno y para que no se confunda le explico, riguroso para mí dormir a las 2 de la mañana. Pero bueno, escuchar el trinar de pájaros al amanecer amén de ser una experiencia confortadora, ayuda a tener “mente sana en cuerpo sano”. ¿Te cae?

Pero bueno, el quid del asunto y comentario en cuestión, es que serían las 3 de la madrugada cuando uno de mis celulares sonó y, no fue hasta el segundo timbrar (cheque eran dos llamadas perdidas), que logré escucharlo pero ya habían colgado. Lo primero que pensé por la hora, inconveniente hora estarán de acuerdo, que sospeché era algún cobrador de tarjeta de crédito o casa comercial. Sí de ésos que Miguel González Alonso, ya ha denunciado en sus programas de tele y radio, de que hablan a todas horas del día, noche y madrugada, para presionar, injuriar y amenazar al deudor.
Pero no, afortunada o desafortunadamente, no fue el caso. Pero hubiera sido mejor ya que a partir de la llamada, digo, al tiempo que no identifique de quién se trataba, el número se me hizo familiar. Empecé a preocuparme pensando lo peor. Será de algún familiar, de un amigo. ¿Pasaría algún accidente? O aún peor, un deceso. A partir de ahí me fue imposible conciliar el sueño.

El número empezó a darme vueltas en la cabeza; ¿será de fulano de tal o de zutano? Mi insistente cuestionar sin lograr atinar quién era, me hizo levantarme y dirigirme a buscar mi tarjetero esperando encontrar el número de referencia. Ya sabe no siempre guardamos en el celular los números de todos, como ciertamente también, en la agenda aparecen registrados un número considerable que no sabemos, a fin de cuentas, quiénes son. Es más, nos da por anotar iniciales, apodos o sólo su primer nombre o apellido, pero qué, finalmente, nunca acabamos por recordar quién rayos es. Pero ya me desvié… de conversación no piense mal.

Insomnio (parte II)

¿De quién es, de quién? La pregunta que seguía rondando en mi mente, pero sobre todo, la causa de las llamadas a esas horas de la madrugada. Fue así entonces, ante las preguntas sin respuestas, que otras más se fueron agolpando en mi azorada cabecita, razón por la cual tomé la decisión de abandonar la cama definitivamente.

Pero sé preguntará y con razón amigo(a) lector, ¿y a mí qué pictes me importa su insomnio? Si lo que yo quiero leer, enterarme, saber, son los problemas que le aquejan a la ciudadanía. Y paso a explicarme.

Resulta qué, y para no desperdiciar mi inhabitual insomnio, bueno tal vez ni tanto confieso, me decidí a escribir este texto que ya explicado en su parte “conceptual y génesis” (¿?) paso a las siguientes reflexiones.

Insomnio III
“Y sigue la mata dando”, coloquial expresión de la sabiduría popular que se refiere o significa qué, sobre de un asunto – al menos desde mi punto de vista- superado o suficientemente discutido, haya quienes en sus prolongados espasmos narcisistas o bien también, desde sus apertrechadas cuan mullidas trincheras lanzan, lo mismo loas a sus bienquerientes que maldiciones y denuestos a sus malquerientes. Pero bueno, ahí están sus filias y sus fobias.

Y ello no tendría nada de extraordinario podría usted considerar y con justificada razón, empero sí lo llega a ser cuando, “las alabanzas en boca propia se convierten en vituperio”, circunstancia que por sí sola pierde fuerza y validez. ¡Peor aún credibilidad! De qué se trata, pregunto. Todavía más, hay quienes con el descaro, cinismo, desfachatez -juzgue usted- se auto envían correos. Y aquí, botón de muestra:

“Señor periodista; primeramente, déjeme decirle que soy un asiduo lector de su gustada columna que, con valentía, objetividad y apego irrestricto a la verdad, su don de gente así como su amplia trayectoria en los medios, alta credibilidad, el más bonito, paladín de las causas perdidas y bla, bla, bla; y de estar en el mejor medio informativo del estado y más bla, bla.
Otra arista de este mismo… (¡haaaauummm!) -ahora sí me caigo de sueño-, tiene que ver con esas defensas a ultranza que suelen hacer cuando de un personaje más o menos importante se trata, ah pero eso sí e invariablemente, esté bien posicionado política como económicamente.

Está bien que por amistad, compromiso “laboral” o mínimo por coincidencias ideológicas, haya quienes se asuman por sí mismos o por intereses pactados, la defensa de su cliente o amigo. No hay problema. Lo que sí considero cae en el vacio argumentativo, además que es como estrategia mediática la peor, querer o tratar deliberadamente o no, con plena conciencia o por supina estupidez, querer enfrentar a los actores políticos. Bueno y algo que raya en la paranoia es, que basado en falsas argumentaciones o mínimo a destiempo, en su afán de “cae bien”, tomen el absurdo derrotero de enfrentarse a sus congéneres de oficio.

Ya de salida

Bueno pues, les comentaba al inicio de este entuerto salido de mi insolente insomnio y ya para terminar (me cae que ahora sí se me cierran los “oclayos” son la 6:30 a.m.), concluiré con lo siguiente: “Quien no quiera ver fantasmas, que no salga de noche”. Ah y concluyo con otra máxima; “si no quieren amanecer orinados, no se acuesten con niños”. Me queda claro.

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