La fe que transforma no nos enseña a escapar del mundo, sino a creer que todavía podemos transformarlo
Por Marco Tulio Carrascosa
Existe una frase atribuida a Henry Ford que ha trascendido generaciones:
“Whether you think you can, or you think you can’t—you’re right.”
En español:
“Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, tienes razón.”
Más allá de la autoría exacta con la que históricamente se ha difundido esta frase, su principio es poderoso: nuestra mentalidad determina, en buena medida, la manera en que enfrentamos nuestras circunstancias.
Hay personas que antes de comenzar ya perdieron.
No porque no tengan capacidad.
No porque no existan oportunidades.
No porque Dios haya cerrado las puertas.
Perdieron porque alguien les enseñó a pensar que no podían.
Y quizá uno de los grandes desafíos de nuestra generación sea precisamente ese: cambiar nuestra manera de pensar.
LA GENTE NECESITA ESCUCHAR BUENAS NOTICIAS
Vivimos rodeados de malas noticias.
Violencia. Crisis. Corrupción. Guerras. Enfermedades. Problemas económicos. Familias divididas. Jóvenes sin esperanza.
Basta abrir las redes sociales para encontrar una dosis suficiente de pesimismo para comenzar el día creyendo que todo está perdido.
Pero ¿quién está hablando de lo bueno?
¿Quién está contando las historias de quienes comenzaron desde abajo y salieron adelante?
¿Quién está diciéndole al joven que sí puede estudiar, emprender, innovar y construir algo extraordinario?
¿Quién está diciéndole al empresario que después de una caída puede levantarse?
¿Quién está recordándole a una familia que todavía puede reconstruirse?
Necesitamos volver a comunicar esperanza.
No una esperanza ingenua que niegue los problemas, sino una esperanza capaz de mirarlos de frente y decir: esto puede cambiar.
Porque una sociedad alimentada permanentemente con miedo termina paralizada.
Pero una generación alimentada con visión puede cambiar su historia.
JESÚS TAMBIÉN DIJO: “SI PUEDES CREER”
Hay una expresión extraordinaria en el Evangelio de Marcos.
Un padre desesperado se acerca a Jesús buscando un milagro para su hijo. En medio de su angustia le dice: “Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos”.
La respuesta de Jesús rompe cualquier mentalidad derrotista:
“Si puedes creer, al que cree todo le es posible.”
Marcos 9:23
Qué poderosa declaración.
Jesús lleva la conversación del tamaño del problema al terreno de la fe.
Es como si nos recordara que las circunstancias no deben tener la última palabra.
Por eso necesitamos predicar nuevamente una fe que inspire.
Una fe que levante.
Una fe que construya.
Una fe que nos haga mirar una montaña y creer que existe un camino para atravesarla.
NO CONFUNDAMOS FE CON FATALISMO
Durante demasiado tiempo algunos sectores del cristianismo han confundido esperanza escatológica con resignación.
“Ya nada se puede hacer.”
“El mundo está perdido.”
“Todo tiene que ponerse peor.”
“Nosotros solamente estamos esperando el rapto.”
Respeto profundamente las diferentes posiciones teológicas sobre los acontecimientos futuros. Pero ninguna interpretación profética debería convertirse en una excusa para abandonar nuestra responsabilidad presente.
Jesús dijo:
“Vosotros sois la sal de la tierra.”
Y también:
“Vosotros sois la luz del mundo.”
La sal tiene sentido cuando entra en contacto con aquello que debe preservar.
La luz tiene sentido cuando entra en la oscuridad.
Entonces nuestra misión no puede ser simplemente esperar para irnos.
Mientras estemos aquí, tenemos una responsabilidad.
Si una escuela necesita transformación, participemos.
Si nuestros jóvenes necesitan oportunidades, construyámoslas.
Si una familia necesita ayuda, acerquémonos.
Si una ciudad necesita mejores ciudadanos, formémoslos.
Si nuestro estado necesita inversión, promovamos inversión.
Si México necesita esperanza, hablemos esperanza.
La fe verdadera no paraliza.
La fe moviliza.
PREDIQUEMOS POSIBILIDADES
Me preocupa una generación que está creciendo escuchando constantemente todo lo que no puede hacer.
“No puedes.”
“No hay oportunidades.”
“México nunca cambiará.”
“Chiapas siempre será pobre.”
“Los políticos siempre serán iguales.”
“Los jóvenes ya están perdidos.”
“No vale la pena intentarlo.”
Yo me niego a aceptar ese lenguaje como destino.
Prefiero decirle a un joven: prepárate.
A un empresario: vuelve a intentarlo.
A un estudiante: sueña más grande.
A una familia: todavía hay esperanza.
A un emprendedor: comienza.
A una iglesia: sal de las cuatro paredes y sirve.
Y a una generación entera: sí podemos construir algo mejor.
Eso no significa ignorar la realidad.
Significa decidir que la realidad presente no necesariamente será nuestra realidad futura.
LA FE TAMBIÉN CONSTRUYE
No necesitamos una fe encerrada solamente en los templos.
Necesitamos una fe que llegue a las universidades, empresas, hospitales, comunidades, gobiernos, medios de comunicación, centros de investigación y espacios donde se toman decisiones.
Una fe capaz de producir empresarios honestos, servidores públicos íntegros, científicos brillantes, maestros comprometidos, familias fuertes y ciudadanos responsables.
Porque creer en Jesús no debería disminuir nuestra responsabilidad con el mundo.
Debería aumentarla.
Cuando Jesús habló del Reino de Dios, habló de semillas, talentos, administración, servicio, justicia, misericordia y transformación.
La fe no es una invitación a cruzarnos de brazos.
Es una invitación a creer y actuar.
CAMBIAR EL LENGUAJE CAMBIA EL FUTURO
Las grandes transformaciones comienzan muchas veces con una idea que alguien se atrevió a creer cuando los demás decían que era imposible.
Antes de cada empresa existió una idea.
Antes de cada invento existió una posibilidad.
Antes de cada movimiento que transformó una sociedad existió alguien que se negó a aceptar que las cosas tenían que permanecer igual.
Por eso debemos cuidar lo que sembramos en la mente de nuestros hijos, nuestros jóvenes, nuestros colaboradores y nuestras comunidades.
Hay palabras que construyen cárceles.
Y hay palabras que abren puertas.
Necesitamos convertirnos en personas que abren puertas.
Que cuando otros solamente encuentren obstáculos, nosotros busquemos alternativas.
Que cuando otros anuncien derrota, nosotros construyamos soluciones.
Que cuando alguien diga “no se puede”, exista una generación dispuesta a preguntar:
“¿Y por qué no?”
Porque quizá el recurso más importante para transformar una nación no sea solamente el dinero, la infraestructura o la tecnología.
Quizá sea una generación convencida de que su futuro todavía puede escribirse.
YO ELIJO CREER
Creo en un México mejor.
Creo en un Chiapas capaz de levantarse, competir, innovar y prosperar.
Creo en nuestros jóvenes.
Creo en los empresarios que siguen invirtiendo a pesar de las dificultades.
Creo en las familias que todos los días luchan por salir adelante.
Creo en las personas que todavía sirven sin esperar reconocimiento.
Pero, sobre todas las cosas, creo en Jesús.
Y precisamente porque creo en Él, no puedo predicar resignación.
Tengo que predicar esperanza.
No podemos cambiar el ayer, pero podemos comenzar a construir el mañana.
No podemos controlar todas las circunstancias, pero sí podemos decidir con qué espíritu enfrentarlas.
No podemos prometer que el camino será fácil, pero podemos enseñar a una generación que las dificultades no son una sentencia definitiva.
Necesitamos menos voces anunciando que todo está perdido y más personas dispuestas a convertirse en parte de la solución.
Menos fatalismo.
Más fe.
Menos miedo.
Más visión.
Menos “no se puede”.
Más “vamos a intentarlo”.
Porque mientras exista fe, habrá esperanza.
Mientras exista esperanza, habrá personas dispuestas a actuar.
Y mientras existan personas dispuestas a creer y actuar, siempre habrá posibilidades de construir un futuro diferente.
Jesús lo expresó de una manera que sigue desafiándonos dos mil años después:
“Al que cree todo le es posible.”
Entonces creamos.
Trabajemos.
Construyamos.
Sirvamos.
Y enseñémosle a la siguiente generación no solamente a esperar un mundo mejor, sino a tener la fe, el carácter y el valor para construirlo.
Continuará…✒️
