El ilustrador Salvador Bartolozzi, creador del célebre Pinocho de la editorial Calleja, vuelve a ocupar un lugar en la memoria cultural española con la publicación, por primera vez en España, de la biografía que su amigo y escritor Antonio Espina le dedicó en México hace 75 años, durante el exilio de ambos.
La obra recupera la vida de uno de los ilustradores españoles más importantes de la primera mitad del siglo XX y, al mismo tiempo, reconstruye el ambiente artístico y literario en el que Bartolozzi desarrolló su carrera. Su trayectoria estuvo vinculada a algunas de las figuras más destacadas de la llamada Edad de Plata de la cultura española, periodo de gran florecimiento artístico, literario y científico que abarcó las primeras décadas del siglo XX hasta la Guerra Civil.
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La historia de esta biografía comenzó en 1948, cuando Antonio Espina —escritor, periodista y ensayista nacido en Madrid en 1891— llegó voluntariamente al exilio mexicano después de pasar por París. Una de sus primeras acciones en el país fue buscar a Bartolozzi, su antiguo amigo, a quien no veía desde hacía 12 años.
El reencuentro quedó registrado por Espina como una escena cargada de nostalgia, marcada por los recuerdos de la España que ambos habían dejado atrás y por las circunstancias del exilio. Cuatro años después, tras la muerte de Bartolozzi en Ciudad de México, Espina convirtió aquella relación en una biografía publicada como homenaje póstumo.
¿Quién fue Salvador Bartolozzi?
Nacido en Madrid en 1882, Bartolozzi fue dibujante, ilustrador y artista gráfico. Su trabajo abarcó publicaciones periódicas, literatura infantil, carteles y portadas, pero su nombre quedó especialmente ligado a la editorial Calleja, para la que creó una versión española de Pinocho que adquirió características propias y llegó a convertirse en uno de los personajes infantiles más reconocibles de la época.
Su obra estuvo marcada por el modernismo y por una particular combinación entre lo popular y lo cosmopolita. Vivió varios años en París, donde entró en contacto con los ambientes artísticos de la capital francesa y llegó a recibir encargos del escritor Jean Lorrain, una figura destacada de la literatura francesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Esta experiencia internacional convivió con una fuerte relación con Madrid, ciudad en la que participó de los círculos culturales y tertulias que reunían a escritores, artistas e intelectuales. Uno de esos espacios fue el Café Pombo, célebre tertulia madrileña encabezada por el escritor Ramón Gómez de la Serna. Bartolozzi formó parte de ese ambiente y llegó a ser retratado por el pintor José Gutiérrez Solana en su conocido cuadro dedicado a la tertulia.
Ramón Gómez de la Serna y los artistas de Pombo
La relación con Ramón Gómez de la Serna permite dimensionar mejor el reconocimiento que Bartolozzi recibió entre sus contemporáneos. Gómez de la Serna fue uno de los escritores españoles más originales de las primeras décadas del siglo XX, conocido especialmente por sus greguerías, breves textos que combinaban humor, metáfora y asociaciones inesperadas.
El escritor admiró profundamente el trabajo de Bartolozzi y llegó a describirlo como “un Picasso antes que Picasso”, una comparación que buscaba destacar su capacidad de innovación artística.
Gómez de la Serna también escribió sobre él en la revista Prometeo, incluyó su perfil en su colección de retratos de personajes de la época y posteriormente lo recordó en sus memorias, Automoribundia.
La edición lleva un prólogo del veterano editor y escritor José Esteban. EFE /ARCHIVO
La edición lleva un prólogo del veterano editor y escritor José Esteban. EFE /ARCHIVO
La amistad entre ambos también quedó registrada en una fotografía conservada por el archivo histórico de un medio. En ella aparecen Bartolozzi y Gómez de la Serna disfrazados de Reyes Magos durante un reparto de juguetes organizado en 1935 junto al entonces presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora.
Tomás Borrás y la mirada sobre un artista cosmopolita
Otro de los intelectuales cercanos a Bartolozzi fue Tomás Borrás, escritor y periodista que también participaba en la tertulia del Café Pombo. Borrás destacó una de las características que definieron al ilustrador: su capacidad para combinar una identidad profundamente madrileña con una mirada abierta hacia otras culturas. Para sus contemporáneos, Bartolozzi podía representar el Madrid de su época, pero también París, los circos, los cuentos infantiles, el mundo de los sueños y, posteriormente, México.
Esa mezcla entre lo local y lo internacional ayuda a explicar la singularidad de su obra. Bartolozzi no concebía lo español como una frontera artística, sino como un punto de partida desde el cual podía incorporar influencias de otros lugares y lenguajes visuales.
Una biografía nacida en el exilio
La biografía escrita por Espina apareció apenas un año después de la muerte de Bartolozzi, en 1953, en una edición de bibliófilo de circulación muy limitada que prácticamente permaneció fuera de España.
Ahora, la Biblioteca del Exilio recupera aquel texto y lo publica en España acompañado de un extenso álbum con reproducciones de cubiertas realizadas por Bartolozzi para revistas y cuentos infantiles.
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La nueva edición incorpora además un prólogo del editor y escritor José Esteban, especialista en los autores de la Edad de Plata y amigo personal de Espina. Su participación permite establecer un puente entre la generación que conoció directamente a Bartolozzi y los lectores actuales.
La recuperación de esta obra no solo permite conocer mejor al creador del Pinocho español, sino también reconstruir una parte de la historia cultural española que quedó dispersa tras la Guerra Civil y el exilio. A través de los recuerdos de Espina y los testimonios de Gómez de la Serna y Borrás, Bartolozzi reaparece como un artista situado entre dos mundos: profundamente madrileño, pero también formado por París, la literatura, el modernismo, los cuentos infantiles y, finalmente, México, donde terminó sus días en 1952.
Con información de EFE
